Sunday – September 6, 2026

Venezuela, un mes después del terremoto

En Los Silos, el sector portuario de La Guaira convertido en morgue improvisada, los cuerpos que siguen llegando casi un mes después de los terremotos son, en palabras de Andreas Spaett, “muy difíciles de mirar”. Ahí, en ese punto del puerto donde las familias acuden a reconocer a sus muertos, Médicos Sin Fronteras no instaló una clínica móvil. Instaló psicólogos: tres, que atienden tanto a quienes buscan a un familiar como al personal que manipula los cuerpos. “Es un lugar horrible”, dice Spaett, “pero es parte de este terrible desastre que estamos viviendo aquí.”

Esa escena resume, a su juicio, el punto en el que se encuentra Venezuela a un mes del doble terremoto que sacudió su litoral central el 24 de junio: la fase de rescate quedó atrás, pero la del duelo recién empieza. Spaett, jefe de misión de la organización humanitaria en el país, describe en una entrevista telefónica con Infobae a una población que “va perdiendo un poco la esperanza” mientras el trauma inicial muta en algo más difícil de tratar. “El trauma que sufrieron se está convirtiendo también en un trauma para el futuro”, resume. 

Miles de personas siguen viviendo bajo carpas frente a los edificios colapsados, dice Spaett, muchas de ellas todavía a la espera de recuperar los cuerpos de sus seres queridos. Lo que cambió en las últimas semanas, explica, no es tanto la magnitud de la necesidad como el tipo de pregunta que empieza a formularse esa gente. “Qué es lo que va a deparar el futuro para esta gente que perdió todo: familiares, amigos, sus casas, su perspectiva”, plantea.

En La Guaira, esa pregunta tiene además un componente económico. La zona vivía en gran medida del turismo, y Spaett no ve un regreso cercano de esa actividad. “Era una zona de alto turismo, entonces es muy difícil pensar que el turismo va a volver pronto a esta zona. Va a tomar muchos años”, dice, y remarca que para buena parte de la población local esa era, directamente, su forma de subsistencia.

La salud mental, dice Spaett, se convirtió en “uno de los pilares” de la respuesta de MSF, aunque no fue el primer frente. En los días posteriores al sismo, cuando la organización era la única presencia humanitaria internacional en el país, el foco estuvo en sostener hospitales desbordados. Solo después el trabajo se trasladó a la calle, donde miles de personas seguían —y siguen— acampando.

Desde hace tres semanas, los equipos de MSF recorren distintos puntos de La Guaira y Caracas con clínicas móviles, entre ellas un despliegue en Naiguatá, una zona que había quedado relativamente al margen de la asistencia. Ahí, junto a las consultas médicas, hay sesiones individuales y grupales de apoyo psicológico y un trabajo que Spaett describe como básico pero necesario: enseñarle a la gente a reconocer lo que le está pasando. “Las personas llegan y nos dicen: ‘Me siento mal, no puedo dormir, tengo dolor de cabeza, dolor de espalda’: tratamos de educar un poco a la gente para que pueda identificar que estos son efectos del trauma que sufrieron”, explica.

Lo que ve el equipo, dice, va más allá de la angustia esperable tras una catástrofe. “Vemos gente que está deprimida, gente que tiene pensamientos suicidas en algunos casos. Uno pierde a sus seres queridos, a sus niños, a su mujer, pierde su casa, pierde todo, y está frente a los escombros de su vivienda anterior sin ver una salida”, describe.

Son cuadros, aclara, que no se resuelven en una sola sesión: requieren seguimiento en el tiempo, algo que MSF empezó a coordinar con el Ministerio de Salud y otras organizaciones para no dejar esos casos sin continuidad en los próximos meses.

Spaett habla de una coordinación con las autoridades venezolanas que “se está desarrollando poco a poco”. El Ministerio de Salud avanza en la instalación de campamentos transitorios, mientras crece el número de organizaciones nacionales e internacionales que se suman a la respuesta, un escenario que no siempre resulta ordenado. “Con tantos actores, cada uno quiere contribuir y encontrar su espacio, y no siempre es fácil tener todo bien estructurado”, reconoce. “Toma tiempo, y va a tomar todavía tiempo hasta que todo esté bien organizado y estructurado”.

En el terreno hospitalario, MSF terminó apoyando a nueve centros de salud entre La Guaira y Caracas. Ninguno colapsó por completo, dice, pero varios sufrieron daños que obligaron a reducir camas disponibles.

En el Hospital Vargas, el primero que asistió la organización en La Guaira, persiste un problema con las tuberías que MSF intenta resolver con sus propios ingenieros de agua y saneamiento —parte de un trabajo más amplio de tratamiento y cloración de agua que, según Spaett, hasta ahora logró evitar un salto en los casos de diarrea, uno de los indicadores que la organización vigila de cerca para anticipar brotes epidémicos en los campamentos.

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Randy King

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