Cuando Marcelino García llegó a Oklahoma tenía 15 años y 36 centavos en el bolsillo. Había pasado por California y llegó al estado con la intención de conocer Estados Unidos, sin imaginar que terminaría haciendo de Oklahoma su hogar y construyendo aquí una empresa familiar que décadas después continuaría creciendo.
“Yo nomás vine a conocer Estados Unidos”, recuerda.
Después de pagar el taxi desde el aeropuerto, le quedaron 36 centavos. Al día siguiente comenzó a trabajar.
Su historia laboral había comenzado en México. Marcelino recuerda que desde los 12 o 13 años trabajaba en una mina de ágata de fuego, debido a las condiciones económicas de su familia. Según relata, en aquellos años podía obtener entre 500 y 600 dólares semanales.
En Oklahoma encontró trabajo en una cafetería y posteriormente comenzó a trabajar en el restaurante Nino’s, donde aprendió el oficio de cocinero.
Ese aprendizaje terminaría siendo fundamental para su futuro.
“Yo me hice cocinero. Hasta la fecha sigo siendo cocinero”, cuenta.
Diez años antes de abrir su propio restaurante
Durante casi una década trabajó en restaurantes. Llegó a cumplir jornadas de seis días a la semana, desde las 8 de la mañana hasta las 10 u 11 de la noche.
Para entonces ya estaba casado y tenía hijos.
La experiencia acumulada en la cocina y en el manejo de restaurantes lo llevó a plantearse una pregunta: si iba a dedicar su vida a trabajar tantas horas, ¿por qué no hacerlo para construir algo propio?

En 1989 abrió su primer restaurante en la calle 36 y Walker Avenue. El establecimiento tenía apenas siete mesas. Así comenzó Chelino’s.
Los primeros años fueron de crecimiento gradual. Marcelino recuerda que los clientes hispanos acudían principalmente durante los fines de semana, cuando buscaban platillos como menudo, caldo de res, tacos de bistec y otros alimentos que les resultaban familiares.
En aquella época, asegura, Oklahoma City tenía pocos restaurantes mexicanos.
La expansión llegó posteriormente. Marcelino identifica la apertura del restaurante de Chelino’s en Bricktown como un punto decisivo para el crecimiento de la empresa.
“Cuando abrimos el Bricktown se hizo comercial”, recuerda.
El establecimiento fue, según su relato, el primer negocio de su empresa en el área del canal de Bricktown y permaneció prácticamente sin competencia directa en ese lugar durante sus primeros años.
A partir de esa etapa comenzó una expansión que llevó a Marcelino a tener hasta 14 restaurantes.
Con el tiempo, algunos establecimientos fueron entregados a sus hermanos. Actualmente, la operación familiar incluye restaurantes administrados por distintos miembros de la familia y una tortillería. Marcelino estima que entre todos emplean alrededor de 260 personas.
Testigo del crecimiento de la comunidad hispana
La trayectoria de Marcelino también ha coincidido con la transformación de la comunidad hispana de Oklahoma.
Cuando llegó al estado, recuerda que encontrar a otro hispano era algo poco común.

“Se emocionaba uno que viera a un hispano que iba a comer algo”, recuerda sobre sus primeros años trabajando en una cafetería.
También recuerda una pequeña tienda llamada La Casa Hernández, donde la comunidad podía encontrar productos mexicanos como bebidas, pan, revistas y otros artículos que no eran fáciles de conseguir en Oklahoma.
Según Marcelino, la comunidad comenzó a crecer de manera importante después de 1986, cuando muchas personas de origen mexicano que vivían en California comenzaron a trasladarse a Oklahoma debido, entre otras razones, al menor costo de vida.
Durante sus décadas en Oklahoma ha visto crecer a varias generaciones de familias hispanas. Recuerda haber atendido en sus restaurantes a niños que posteriormente se convirtieron en padres y abuelos.
Empresario y miembro de la comunidad
El trabajo de Marcelino no se ha limitado a los restaurantes.
Fue uno de los fundadores de la Cámara de Comercio Hispana de Oklahoma, creada con la intención de promover la colaboración entre empresarios y fortalecer los negocios de la comunidad.
También ha participado en Rayito de Esperanza, un proyecto enfocado en ayudar a personas que necesitan trasplantes de riñón. Marcelino señala que el esfuerzo de la organización y sus colaboradores ha permitido apoyar cerca de 400 trasplantes.

Su filosofía sobre el servicio comunitario se resume en una frase: “No hay que quedarnos con todo lo que Dios nos da. Si puedes ayudar, dale la mano a alguien”.
El legado familiar
Después de casi cinco décadas en Oklahoma, Marcelino dice que sus principales sueños se han cumplido.
Quería tener un terreno, algunas vacas y huertas de limones. Hoy cuenta con esas cosas y, sobre todo, con una familia que considera uno de sus mayores logros.
Reconoce que el trabajo absorbió buena parte de su vida y que no pudo pasar con sus hijos todo el tiempo que hubiera querido.
“Yo no disfruté mucho de mis hijos, porque me la pasé trabajando”, admite.
Sin embargo, asegura sentirse orgulloso de que sus hijos hayan crecido y sean personas trabajadoras.
Aunque se considera retirado, todavía entra a la cocina cuando es necesario. Para Marcelino, cocinar nunca dejó de ser una obligación para convertirse en una actividad que disfruta.
Su mensaje para los jóvenes es producto de su propia experiencia: establecer metas, trabajar por ellas y no rendirse.
“Los sueños se hacen realidad siempre y cuando pongan empeño en lo que quieren”, afirma.
Marcelino llegó a Oklahoma con 15 años y 36 centavos en el bolsillo. Casi cinco décadas después, su historia está vinculada no solo al crecimiento de un negocio familiar, sino también a la evolución de una comunidad hispana que, como él, encontró en Oklahoma un lugar para trabajar, formar una familia y construir un futuro.







