Desde San Pedro Carchá, Alta Verapaz, una región del norte de Guatemala marcada por la riqueza natural y la identidad indígena, hasta los ríos y laboratorios del suroeste de Oklahoma, la vida de Guillermo Arturo Fuentes Rosales, de 25 años, es un relato de perseverancia, vocación y gratitud. Hoy, recién graduado como Ingeniero Químico por la Universidad de Oklahoma (OU, por sus siglas en inglés) y trabajando para el Departamento de Calidad Ambiental del Estado, Guillermo representa a una generación de jóvenes que decidió creer que el origen no define el límite.
Guillermo dejó Guatemala a los 19 años, impulsado por el deseo de acceder a una mejor educación. Mientras concluía el bachillerato y exploraba opciones universitarias, un encuentro marcaría el rumbo de su vida. En su pueblo conoció a Flavio Moreno, un ingeniero aeroespacial guatemalteco graduado de la Universidad de Oklahoma, quien estaba de visita en la región. Escuchar su historia, su trayectoria académica y sus planes a futuro encendió en Guillermo una inquietud que hasta entonces parecía lejana: estudiar en el extranjero.
Fue así como conoció United World College (UWC), un movimiento educativo internacional que reúne a jóvenes de distintos países bajo un modelo de becas que promueve la paz, el entendimiento cultural y la sostenibilidad. La propuesta implicaba repetir el equivalente al “high school”, una decisión que generó dudas en su familia, especialmente porque Guillermo estaba por iniciar la universidad. Sin embargo, el respaldo incondicional de su madre y una convicción que venía gestándose desde la infancia lo llevaron a solicitar el programa.

Contra barreras económicas, sociales y lingüísticas, Guillermo fue seleccionado entre los cuatro becados de Guatemala y aceptado por un colegio UWC en Singapur. Durante dos años, convivió con estudiantes de todo el mundo, amplió su perspectiva y confirmó que su sueño era posible.
“Uno crece en una burbuja y salir de ella te hace entender que no estás solo y que siempre existe una comunidad dispuesta a caminar contigo”, expresó Guillermo, quien al finalizar el programa de UWC, tomó el siguiente desafío, aplicar a universidades en Estados Unidos en medio de la pandemia. Con un dominio limitado del inglés y puntajes que no reflejaban su verdadero potencial, Guillermo envió solicitudes a diez instituciones. La respuesta que cerró el círculo llegó desde Oklahoma: la Universidad de Oklahoma le ofreció una beca completa. Era el mismo lugar donde se había formado la persona que lo inspiró a comenzar el viaje, un “full circle moment” que reafirmó su propósito.
Aunque Oklahoma no figuraba en la lista de universidades de mayor renombre global, Guillermo encontró algo más valioso: comunidad. En un campus con más de 20 mil estudiantes y una fuerte presencia internacional, decidió hacer de esa oportunidad algo extraordinario.

“Cuando llegué a Oklahoma, me di cuenta que no se trata del lugar, sino de lo que uno construye en él, y eso fue lo que hice en este estado, comencé a construir un futuro que me agradaba”, afirmó el joven guatemalteco.
Su vocación por la ingeniería nació temprano. A los cuatro años, acompañaba a su abuelo, ingeniero civil, en proyectos que llevaron electricidad a comunidades indígenas de Alta Verapaz. Ver el impacto de la ingeniería en la vida de otros marcó su identidad. Tras explorar áreas como programación, sistemas y computación, encontró en la ingeniería química la disciplina ideal para unir ciencia, ambiente y servicio, con la mirada puesta en la protección de los recursos naturales.
Hoy, Guillermo trabaja como ingeniero en la Sección de Calidad de Agua del Departamento de Calidad Ambiental, donde realiza inspecciones a industrias y sistemas de tratamiento para asegurar que los desechos cumplan con normas ambientales antes de llegar a ríos y lagos. Es una labor técnica, pero profundamente humana: proteger la salud pública y el entorno.
Su camino no estuvo exento de obstáculos. Tras graduarse, enfrentó rechazos laborales debido a su estatus migratorio. Sin embargo, el apoyo de mentores y aliados fue clave para conseguir su empleo actual, apenas días antes de que venciera su permiso de trabajo.
“Estoy muy agradecido por la oportunidad de trabajar en algo que realmente disfruto y quedarme aquí en Oklahoma”, dijo Guillermo, quien su desarrollo profesional, se ha convertido en un puente cultural en Oklahoma.

“Amo mi cultura y por tal razón, trato de contribuir a mi comunidad Guatemalteca en Oklahoma. He participado como maestro de ceremonias en el Folklife Festival, colaboro en eventos comunitarios y fortalezco la presencia guatemalteca y latina, siempre promoviendo el intercambio con otras culturas”, afirmó Guillermo, ya que para él, devolver a la comunidad es una responsabilidad.
Su mensaje para los jóvenes es claro: insistir, arriesgarse y pedir ayuda. “No importa de dónde vengas. Si tienes curiosidad, pasión y fe, los caminos se abren”, sentenció Guillermo, quien cree firmemente que los planes de Dios se manifiestan a través de personas, oportunidades y valentía.
La historia de Guillermo Arturo Fuentes Rosales es la prueba de que los sueños pueden cruzar fronteras y que, cuando la educación se vive con propósito, se convierte en una herramienta poderosa para transformar realidades.







