En el corazón de Oklahoma City, donde convergen historias de esfuerzo, migración y esperanza, la trayectoria de Tiffany Ramírez Jenkinson se levanta como un testimonio de perseverancia y propósito. Llegó a Estados Unidos en 2004, con apenas 17 años, sin dominar el idioma y con una vida marcada por cambios familiares profundos. Hoy, más de dos décadas después, su voz no solo cuenta su historia, sino que impulsa a cientos de familias a escribir la suya.
“Ha sido una larga trayectoria”, dice Tiffany, al recordar sus inicios. Lo que comenzó como un proceso de adaptación lleno de incertidumbre, se transformó con el tiempo en una misión clara: servir a los demás. Desde hace más de seis años forma parte de Lilyfield, una organización dedicada a proveer hogares seguros para niños y adolescentes. Su crecimiento dentro de la institución ha sido notable: comenzó como la única empleada de un pequeño programa en el sur de Oklahoma City y, en poco tiempo, ayudó a convertirlo en el más grande de la organización.
Ese programa, conocido como Empower OKC, tiene un enfoque particular: no imponer soluciones, sino brindar herramientas. “No es decirles cómo vivir o cómo educar a sus hijos, es caminar junto a ellos”, explica. Bajo esta filosofía, Tiffany y su equipo apoyan a familias —especialmente inmigrantes— en áreas clave como la educación, la estabilidad económica y la integración social.

Su trabajo está profundamente conectado con su propia experiencia. Nacida en Estados Unidos, Tiffany creció en Ciudad Juárez, México, hasta que la violencia y las dificultades económicas llevaron a su familia a migrar. La transición no fue fácil. “Yo no quería venir. Estaba en total negación”, recordó Tiffany durante la entrevista. Su primer año en la escuela fue particularmente duro: sin hablar inglés, fue colocada en clases básicas junto a otros estudiantes en la misma situación.
Uno de los momentos que marcó su determinación ocurrió trabajando en un restaurante familiar. “Una persona me pidió ‘lettuce’ y yo no sabía qué era”, cuenta. Ese instante, aparentemente simple, se convirtió en un punto de quiebre. “No podía imaginar pasar años sin poder comunicarme”, dice. Esa noche oró pidiendo ayuda y, desde entonces, decidió comprometerse con su aprendizaje.
El camino no fue lineal. Tiffany enfrentó obstáculos económicos, pausas en su educación y responsabilidades familiares que la obligaron a priorizar el trabajo. Sin embargo, nunca soltó su meta. Tras varios intentos, logró graduarse en psicología, convencida de que la educación era una herramienta que nadie podría quitarle.
Más allá de los títulos, su motivación siempre ha sido entender a las personas. “Quería saber qué nos mueve, por qué tomamos ciertas decisiones”, explicó. Esta curiosidad la llevó a especializarse en temas como trauma y comportamiento humano, conocimientos que hoy aplica directamente en su labor comunitaria.
Uno de los aspectos más profundos de su historia es la relación con su familia, especialmente con su padre, de quien estuvo separada durante años. Ese proceso emocional, marcado por la ausencia y el reencuentro, le enseñó sobre el perdón y comprensión. “Mis papás eran muy jóvenes cuando decidieron casarse, y cuando cumplí 3 años de edad, se divorciaron y eso fue muy difícil para todos… Me tomó años entender que ellos también estaban tratando de salir adelante”, mencionó Tiffany Ramírez, durante la entrevista.
Hoy, desde su rol como Senior Director de Partnerships y miembro de la mesa directiva de Lilyfield, Tiffany no solo lidera programas, sino que representa una voz cercana para quienes atraviesan procesos similares al suyo. Entiende el miedo, el aislamiento y las barreras culturales que enfrentan muchas familias inmigrantes.

“Como hispanos, a veces nos aislamos por miedo o por no entender el sistema. Por eso, Empower OKC busca romper ese aislamiento, conectando a las personas con recursos y recordándoles sus derechos. Empoderar es ayudarles a tomar las riendas de su propia vida”, afirmó Tiffany.
Su mensaje para quienes hoy enfrentan desafíos similares es claro y directo: el sacrificio vale la pena. “Tu sacrificio de hoy será tu orgullo mañana. A veces tienes que pedir prestada la fe de alguien que cree en ti”, afirmó.
La historia de Tiffany Ramírez Jenkinson no es solo la de una persona que logró salir adelante. Es la de una mujer que transformó sus dificultades en propósito y que, desde su experiencia, hoy construye puentes para que otros también puedan avanzar. En una sociedad donde las diferencias a menudo dividen, su trabajo recuerda algo esencial: al final, todos comparten la misma búsqueda de estabilidad, dignidad y esperanza. Y para muchos en Oklahoma City, Tiffany ya es parte fundamental de ese camino.







