Saturday – October 17, 2026

Dos semanas antes de mudarse a la universidad, Gabriela Canek recibió una llamada que puso en duda el sueño por el que había trabajado durante años. Desde la Universidad de Oklahoma (OU, por sus siglas en inglés) le informaron que tendría que pagar matrícula como estudiante de fuera del estado. El costo era mucho mayor de lo que ella y su familia habían contemplado.

“Recuerdo contarles la noticia con lágrimas en los ojos. Les dije que, si el hecho de que yo fuera a la universidad no estaba dentro de nuestras posibilidades, lo entendía”, relató Gabriela.

La respuesta de su familia fue inmediata: buscarían la manera de que continuara estudiando.

Para Gabriela, de 18 años, aquel momento representaba mucho más que una dificultad económica. Llegar a la universidad era una meta construida sobre años de sacrificios familiares y una promesa que ella misma había puesto por escrito.

Gabriela nació y creció en Flores, Petén, Guatemala. Allí pasó los primeros 11 años de su vida y estudió desde pre kínder hasta séptimo grado en el Centro Educativo Petén. Después continuó su educación en Estados Unidos y finalmente se graduó con honores de Northwest Classen High School.

“Mi familia es lo más importante para mí”, contestó Gabriela al preguntarle sobre su familia y asegura que ocupa un lugar central en la manera en que entiende la educación.

Sus padres, ambos guatemaltecos, le enseñaron a ella y a sus dos hermanos que estudiar podía abrir oportunidades que ellos mismos no habían tenido. Gabriela reconoce que cuando era más pequeña no comprendía completamente esa insistencia.

Al llegar a Estados Unidos observó las dificultades de sus padres para adaptarse a otro país, aprender un nuevo idioma y comenzar nuevamente. También comenzó a comprender las oportunidades que ellos habían dejado atrás.

Su hermano mayor, Alex, se convirtió en otra fuente de motivación. Gabriela cuenta que sus padres intentaron apoyarlo para que estudiara una carrera universitaria, pero los recursos económicos de la familia no fueron suficientes.

Gabriela Canek Munguía durante su graduación de Northwest Classen High School, donde culminó sus estudios con honores.

“Quiero lograr todo aquello que ellos merecían tener, pero que por diferentes circunstancias nunca pudieron alcanzar”, expresó.

Hoy Gabriela es la primera persona de su familia en asistir a la universidad.

Parte de esa experiencia terminó plasmada en un ensayo. Su padre encontró una oportunidad de beca ofrecida por el bufete de abogados de Michael Brooks- Jimenez y se la envió a su hija, quien decidió solicitarla.

Uno de los requisitos era escribir un ensayo. En lugar de buscar una historia distante, decidió contar la suya.

Escribió sobre Guatemala, la inmigración, sus padres y las experiencias que asegura haber vivido después de llegar a Estados Unidos. Recordó las reuniones familiares, los tamales preparados por su abuela y las noches rodeada de tíos y primos.

También escribió sobre lo que significó observar a sus padres comenzar nuevamente en otro país.

La parte más difícil no es empacar tu propia vida; es ver a tus padres empacar la suya. No permitiré que todo su trabajo haya sido en vano”, expresó Gabriela, quien afirmó que, aquellos sacrificios terminaron convirtiéndose en motivación.

El mismo escrito que utilizó para solicitar la beca había formado parte también de su proceso para ingresar a la universidad. Y funcionó. Un día, mientras veía películas y jugaba videojuegos con su hermana menor Zoe, recibió una llamada de un número que no reconocía. Al otro lado de la línea estaba Michael Brooks para comunicarle que había obtenido la beca.

Al principio pensó que alguno de sus amigos le estaba haciendo una broma. Cuando comprendió que era real, corrió a contárselo a su mamá, quien inmediatamente llamó a su papá.

“Fue un momento muy especial porque pude compartirlo con mis papás y ver lo felices y orgullosos que estaban de mí”, recordó.

Gabriela Canek Munguía junto a los abogados Michael Brooks-Jimenez y Natalia Riveros-Jacobsen durante la entrega de la beca que recibió para apoyar sus estudios universitarios.

Llegar a OU, sin embargo, traería nuevos obstáculos. Gabriela asegura que había solicitado Oklahoma’s Promise durante su segundo año de preparatoria y había sido aceptada en el programa. Contaba con ese apoyo para ayudar a financiar sus estudios, pero finalmente no pudo recibir el beneficio.

Las reglas de Oklahoma’s Promise establecen actualmente que un estudiante debe ser ciudadano estadounidense o encontrarse legalmente presente en Estados Unidos al momento de ingresar a la universidad para recibir la beca.

Además, Oklahoma modificó este año sus leyes relacionadas con el acceso a la matrícula estatal. La SB 1633, aprobada en 2026, eliminó disposiciones que anteriormente permitían a determinados estudiantes acceder a matrícula de residente mediante requisitos específicos.

Gabriela no detalló públicamente su categoría migratoria, pero asegura que los cambios relacionados con la elegibilidad para beneficios educativos afectaron directamente los planes que había hecho para financiar su educación.

Aunque había vivido en Oklahoma durante casi seis años, cuenta que OU le informó que tendría que pagar matrícula como estudiante no residente.

“Hasta el día de hoy, toda mi familia sigue haciendo sacrificios y luchando para que yo pueda estar aquí”, afirmó Gabriela, quien actualmente estudia una doble carrera en Ciencias Políticas y Estudios Internacionales en la Universidad de Oklahoma.

Ser la primera universitaria de mi familia representa orgullo, pero también presión. Mi familia espera mucho de mí y yo no quiero decepcionarlos”, reconoció.

Gabriela transforma sacrificios familiares en oportunidades universitarias.

La transición tampoco ha sido sencilla. Como estudiante de primer año, mudarse al campus significó convertirse también en la primera hija que dejaba el hogar. Después de años rodeada de su familia, las horas en un dormitorio estudiando pueden sentirse particularmente solitarias. Pero cuando aparecen los momentos difíciles, dice que vuelve a recordar por qué comenzó.

Su mayor inspiración es su padre. Desde pequeña, asegura, él le enseñó que conseguir algo requiere trabajo y perseverancia. Durante años Gabriela se preguntó por qué una persona a quien considera tan inteligente como su padre no había tenido acceso a mayores oportunidades educativas. Con el tiempo encontró una respuesta personal a esa pregunta.

“Esa pregunta se convirtió en mi motivación. Ese es mi porqué”, expresó.

Gabriela quiere terminar sus dos carreras y posteriormente estudiar Derecho. Su meta es convertirse en abogada de inmigración y trabajar con familias que atraviesan situaciones similares a las que ha observado en su propia comunidad. También tiene interés en la política y la diplomacia. Para ella, el éxito no se limita a obtener un título universitario o desarrollar una buena carrera.

“Quiero usar mi profesión para ayudar a personas que, como mi familia, han tenido que enfrentar muchas dificultades y que muchas veces no saben a quién acudir”, dijo.

Su historia apenas comienza, pero Gabriela ya consiguió cumplir una de las promesas que escribió cuando llegar a la universidad todavía era una meta.

Al final de aquel ensayo dejó tres afirmaciones sobre su futuro: “Me graduaré. Iré a la universidad. Construiré el futuro por el que mis padres cruzaron hasta aquí”. Y luego explicó por qué estaba decidida a hacerlo: “Porque mis padres me lo dieron todo cuando no tenían nada”.

Hoy Gabriela ya está en la universidad y trabaja para cumplir el resto de aquella promesa.

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Josue Ramos

Journalist at El Nacional De Oklahoma

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