Tras los sobresalientes títulos de Resident Evil 4 Remake y Resident Evil Village, parecía que la saga de Capcom había alcanzado su techo evolutivo en cuanto a mecánicas, narrativa y ambientación. Sin embargo, estaba muy equivocado. Al sumergirme en esta novena entrega de la saga principal, queda claro que estamos ante una amalgama sublime de los elementos que hicieron grande a la franquicia, respetando sus orígenes pero atreviéndose a explorar terrenos nunca antes vistos.
Resident Evil: Requiem representa un auténtico punto de inflexión. La trama introduce revelaciones y giros argumentales que recontextualizan sucesos de hace más de 20 años que dábamos por sentados. Con el lanzamiento de este título, todo lo que creíamos saber adquiere un sentido completamente distinto. Cualquier fan de la saga conoce las heridas de Raccoon City en Resident Evil 3: Nemesis —título que transcurre antes y después de Resident Evil 2— y que marcó el destino de Leon S. Kennedy, Jill Valentine y Claire Redfield. Cada uno de los títulos anteriores aporta momentos fundamentales que enriquecen el entendimiento de lo que sucede en Requiem. Desde momentos puntuales que pasan en segundo plano, hasta escenas que no comprendimos cuál fue su origen en realidad. Y es que si bien es indispensable jugar las entregas anteriores, Requiem no es injugable si prescindimos de ellos. No obstante, la gran sorpresa es la importancia vital de un par de joyas de la era de PlayStation 2: Resident Evil Outbreak y Outbreak File #2. Estos títulos, a menudo ignorados por el gran público, nos presentaron a Alyssa Ashcroft, madre de la actual protagonista, Grace Ashcroft, y pieza crucial en el desarrollo de esta historia.
Grace es una joven analista técnica del FBI que intenta escapar de un pasado trágico marcado por la muerte de su madre. Tras una misión especial dirigida por su superior, es enviada de vuelta a la escena del crimen original, donde se han reportado nuevos incidentes. A pesar del trauma que supone regresar, este viaje es necesario para descubrir las conexiones de su madre con Umbrella y el motivo real de su asesinato, sirviendo como el enlace perfecto para esta nueva aventura.
SUPERVIVENCIA CLÁSICA FRENTE A LA ACCIÓN DESENFRENADA
Desde sus primeras horas, el juego despliega todas sus cartas. Jugar con Grace se siente como un retorno al survival horror más puro: el sigilo, la gestión de munición escasa y el uso inteligente de coberturas son esenciales. Es un soplo de aire fresco que evoca las raíces de la saga. Por el contrario, su contraparte, Leon S. Kennedy, ofrece una experiencia radicalmente opuesta, volcada a la acción frenética y al estilo arcade.
Con Leon, los enemigos sueltan munición y loot al ser derrotados, los combates son más intensos y contamos con indicadores de vida y escudo. El arsenal de movimientos de Leon se siente más pulido que nunca, permitiéndole interactuar con el escenario de formas inéditas, como utilizar lanzas o motosierras encontradas en el entorno. Su hacha tomahawk reemplaza al clásico cuchillo para realizar parries y remates, logrando una mejora sustancial en el combate cuerpo a cuerpo quesupera, incluso, lo visto en el remake de la cuarta entrega.
GRACE Y LEON: DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA
Grace ofrece una jugabilidad pausada donde la supervivencia depende de la discreción. A diferencia de los per les de acción tradicionales, es más lenta y vulnerable a los impactos. Un detalle técnico que resalta es su sistema de salud: el título sustituye la clásica barra de vida por un estado de salud dinámico que evoluciona visualmente conforme recibe daño, aumentando la sensación de peligro constante.
A pesar de su cargo como agente del FBI, Grace no posee una formación avanzada en combate. Esta falta de pericia se traduce directamente en las mecánicas de juego: al intentar apuntar, la retícula y su brazo tiemblan de forma notable. Esta debilidad mecánica refuerza su perfil inexperto y obliga al usuario a evitar los enfrentamientos frontales siempre que sea posible.
En el otro extremo se encuentra Leon, cuya propuesta es mucho más agresiva y dinámica. Desde el primer encuentro, queda claro que su especialidad es el encadenamiento de ataques; su capacidad para ejecutar combos de disparos y patadas es su principal sello distintivo. Además de contar con un arsenal más robusto, Leon introduce una herramienta clave en su jugabilidad: el hacha. La dualidad entre la fragilidad de Grace y la audacia de Leon garantiza que cada partida se sienta distinta.







