El 4 de diciembre despedimos a un hombre cuya presencia marcó profundamente a la comunidad: John C. López. Su partida deja un vacío difícil de expresar en palabras, pero también un legado que continúa iluminando el camino de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo, trabajar con él o recibir, aunque fuera una vez, la calidez de su espíritu.
Hoy, en este momento de duelo compartido, acompañamos con respeto y profundo cariño a su familia. Sabemos que ninguna palabra puede aliviar plenamente la ausencia, pero sí queremos que sus seres queridos sepan que John dejó huellas imborrables en cada persona, organización y actividad comunitaria en la que participó. Su vida fue un testimonio de servicio y amor por los demás, y ese testimonio seguirá inspirando a quienes continúan su labor.
Esta editorial también sirve como antesala a una nota especial que escribimos hace algún tiempo sobre la trayectoria y aportes de John para la revista Vibraciones publicada en julio 2008. En aquel entonces celebrábamos su fuerza y su dedicación; hoy, volvemos a esas palabras para recordar quién fue y por qué su legado permanecerá vivo en la memoria de cada persona que lo conoció.
Descanse en paz, John C. López. Su labor y su luz seguirán acompañándonos.
A continuación el artículo escrito por Willie Quiñones para la Revista Vibraciones:

Con un puñado de sueños, destinado a la grandeza
ohn C. López nació y se crió en Glendale, Arizona en una comunidad mayormente agrícola. Aún se recuerda claramente de la Avenida Glendale, dividida por lenguaje y por etnicidad. Los latinos convivían en un lado de la Avenida y los anglos en el otro. “Nuestro lado no tenía calles pavimentadas, carecían plomería, y las necesidades básicas para la supervivencia. Al otro lado de la calle era todo lo contrario”, comenta López. Sus padres eran campesinos, trabajaban el campo todo el día, en su poco tiempo libre su papá ayudaba en una tienda de abarrotes, allí aprendió (carnicería) el arte de cortar y vender carne. Al pasar el tiempo su papá tuvo la oportunidad de comprar la misma tienda en la que trabajaba.
“Los lazos familiares son extremadamente importantes, fue uno de mis abuelos que tenía una empresa de camiones quien ayudó a mi papá para empezar su propio negocio”, dice López. Prácticamente criado en una tiendita de abarrotes, López comenta que aún se acuerda del pequeño lugar, al frente era el negocio y atrás un cuartito, que compartía con sus padres y sus dos hermanos. “Siempre pensé que mi padre era un individuo próspero, claro, desconocía todas las diferentes ramificaciones de ser negociante. Tampoco entendía la animosidad étnica de aquella época, a veces los humanos tendemos a ser un poquito prejuiciosos”, añade López.
Ya para cuando comenzó a asistir la secundaria, le dio una probadita a la cultura anglo, y fue su primera realización de cómo vivía el resto del mundo, dice López. “En aquel tiempo mi padre siendo un comerciante lleno de ambiciones, fundó una organización llamada ‘La Junta Patriótica’. Esta organización tenía la misión de unir a la comunidad hispana y ayudarla a crecer, prosperar, educarse y proveer todas las necesidades básicas para la supervivencia de la comunidad latina”, comenta López. Esta organización tenía varias metas; desde fomentar la educación, calles pavimentadas, centros recreativos, etc. Por supuesto esta organización necesitaba un líder, un caudillo, una voz ante el gobierno.
Su papá solo contaba con una educación de sexto grado de primaria, pero como tenía experiencia como comerciante y tenía un gran talento para comunicarse con su gente, fue elegido portavoz de la raza latina en aquel tiempo, para representar a la comunidad ante el concilio de la ciudad. Un puesto que ejerció por 10 años, y que trajo tremendos resultados. López dice que todo esto le enseñó la importancia de envolverse en la comunidad, y de estar siempre bien informado de lo que sucede y una vez hallas logrado llegar a un nivel de prosperidad, compartir con la comunidad, invertir en ella.
Aún recuerda cuando su padre compró un pedazo de terreno, que colindaba con la tienda de víveres que su familia tenía y lo convirtió en un centro de reuniones para la comunidad hispana. Tenía un auditorio, agua potable y electricidad, allí se reunían, dialogaban y planeaban estrategias efectivas para la comunidad latina. De acuerdo a su papá, la Ciudad de Glendale, Arizona en aquel tiempo estaba muy interesada en temas y proyectos latinos, pero había una minoría de líderes que se rehusaban a aceptar una agenda social latina.
Ya cuando contaba con la edad de 11 años, la integración racial empezó a tomar efecto en Arizona, dice López. Para entonces fue enviado a una escuela llamada Unidad Una, en el otro lado de la Avenida Glendale, con mas o menos una docena de estudiantes latinos. Allí, comenzó a conocer y socializarse con personas de diferentes grupos étnicos y niveles sociales. Este cambio de ambiente lo instó a aprender inglés, algo que hasta entonces no había considerado necesario. Fue en esta nueva escuela, donde creció su hambre de conocimiento, se envolvió en deportes, música, literatura y ciencias, lo que le hizo mas fácil el asimilar el lenguaje y la cultura americana. Para cuando llegó el momento de entrar la escuela superior, la asimilación social y cultural era inminente, considerando que su comunidad solo tenía una escuela superior que todos compartían. Por desgracia, muchos latinos no podían adaptarse al cambio de cultura y lenguaje, lo que los convertía en la estadística de jóvenes que no terminaban la secundaria. Pero su círculo de amigos, eran todo lo contrario, estaban repletos de ambición y determinación. En su último año escolar, fue capitán del equipo de fútbol y llegaron a ser campeones estatales ese año.
El siguiente año atendió el Arizona State College en Flagstaff, Arizona, lo que es hoy Northern Arizona University. Después de dos años de universidad, se casó, a penas contaba con 19 años de edad, era el matrimonio una situación muy difícil para balancear, trayendo consigo a un niño, un año después. Tuvo que abandonar sus estudios universitarios. Pero López siempre fue un soñador, y muchas veces soñando despierto en su mente anotaba la carrera ganadora en un partido de béisbol o tiraba la pelota de fútbol para esa tan necesitada anotación. Ha sido esta filosofía de vida, que lo ha llevado a triunfar, no importa en lo que sea, se determina siempre a ganar, solo ganar.
“Mi madre fue una gran inspiración para mí y mis hermanos, a su insistencia logramos educarnos, uno de mis hermanos es educador, el otro es banquero, al igual que yo”, expresa López. Añade que los números son su tema favorito, aún desde una temprana edad. Al preguntarle cuando empezó en su vida esa transición para ser empresario, dice que nunca deseaba ser comerciante, que jamás deseaba verse atado a esas largas horas que sus padres vivían. Pero que era prácticamente imposible ignorar todo el éxito logrado por sus padres.

Algo que le sirvió de experiencia fue su primer trabajo en el banco. Siempre imaginó ese horario de 8 a 5, su propia oficina, chaqueta y corbata, acompañado de gran respeto por parte de la comunidad. Pero lo que nadie le mencionó fue la poca paga que iba a devengar, por su extremo esfuerzo. Al crecer su familia, se vio obligado a buscar otros empleos para complementar su oficio de banquero y poder mantener a su familia. Fue entonces que pudo entender las horas largas y el gran compromiso que sus padres vivían en aquel diario trajín, para darle a sus hijos las herramientas necesarias de la supervivencia. “Trabajando en el banco comencé como cajero, ambicionando como siempre, llegué a imaginarme alcanzar la presidencia del banco, para enfrentar la triste realidad que la mayoría de la gente que llega a la parte administrativa de una institución bancaria tiene padrinaje”, dice López.
Su trayectoria en bancas y finanzas comenzó a los 21 años de edad y abandonó ese campo a los 28 años. “Fue para ese entonces que en Phoenix, Arizona conocí a un joven abogado por el nombre de Armando de León, que estaba formando una organización llamada “Concilio Sureño de la Raza” una organización de apoyo, financiada por la Ford Foundation. Trabajé para ellos como Director para Desarrollo Económico, fue entonces que pude utilizar mi vasta experiencia como banquero para traer programas de desarrollo económico a esta organización”, dice López. Añade que cuando un individuo tiene mentalmente una predisposición empresarial, tiene que estar siempre preparado para aprovechar la oportunidad cuando se le presenta.
López comenta que nadie se levanta de la noche a la mañana y dice “mañana empiezo mi propia empresa o negocio”, se necesita un instinto casi animal, ambicioso y soñador. Según López con solamente la ambición no se llega muy lejos, se necesitan los recursos económicos, y el personal adecuado apoyándote y trabajando contigo. “Al tener la oportunidad de trabajar con el Concilio Sureño de la Raza, que mas tarde se convirtió en el Concilio Nacional de la Raza, tuve la oportunidad de ser expuesto día a día a nivel nacional. Trabajando en proyectos de bienes raíces, desarrollo económico, educación y salud”, afirma López. Toda esta experiencia llevó a López a convertirse en Director del Concilio Nacional de la Raza, en la oficina regional de Phoenix, Arizona. López tuvo la gran fortuna de cabildear en Washington, D.C. como parte de esta organización. “Puedo decir orgullosamente que la organización me llevó a visitar con senadores, congresistas, presidentes y jefes de estados, sabía instintivamente que tenía las herramientas necesarias para moverme en estos círculos sociales”, dice López. Para ese entonces contempló la idea de ser empresario con mas claridad que nunca, estaba a punto de encontrar su propio nicho.
Su organización fundó una rama de apoyo financiero para la comunidad minoritaria, llamada MESBIC (Minority Enterprise Small Business Investment Company). “Tuve el privilegio de realizar este vehículo financiero, y conseguir ayuda del SBA (Small Business Administration) y la Ford Foundation, quiénes en aquel tiempo donaron un millón de dólares para el programa. Fue durante este periodo, que fui expuesto a la organización de McDonald’s”, dice López. Como parte de su trabajo, él revisaba las solicitudes para ayuda financiera de muchas personas, mientras revisaba las solicitudes a las franquicias de McDonald’s estas le llamaron mucho la atención. Las franquicias en su opinión eran la manera mas fácil para llegar a ser empresario. Por supuesto mientras mas a fondo estudiaba las cualidades necesarias para ser dueño de una franquicia, más convencido estaba de que reunía todas las cualidades, pero había un detalle muy significante de que carecía entonces, el capital financiero.

Pero su mente ya estaba decidida, y aún con aquel gran tesoro informativo, se tardó cinco años en formar parte del mundo de franquicias en McDonald’s. Fue un sacrificio supremo, economizar, hipotecar su casa, todo lo necesario para demostrar que tenía un poco de capital para ser aceptado como empresario. Desde la solicitud hasta la aceptación, pasaron dos largos años. Durante ese tiempo, fue entrenado desde lo mas básico hasta los mas complejo, en la organización de McDonald’s. Desde hacer hamburguesas, papas fritas, limpieza, servicio al cliente, mantenimiento, de todo un poco. “Considerando mi niñez, mi juventud rodeado por este tipo de ambiente, el entrenamiento de McDonald’s, fue totalmente fácil, estaba bien preparado, fue prácticamente una bendición que ya sabía hacer las diferentes tareas y las hacía con mucho gusto”, dice López. Cuando tuvo su primera franquicia en la tercera y Broadway en Los Ángeles, California, el corazón de la raza latina en aquel entonces, dice López que se sentía como si hubiese anotado un jonrón con las bases llenas, un grandslam. Pero al pasar el tiempo su ambición le pedía mucho más, sabiendo que otras personas habían sido extremadamente prósperas, con 10 a15 franquicias, eso ambicionaba él.
Tomó catorce años en lograr cuatro franquicias de McDonald’s, pero su apetito era aún más grande. Fue cuando decidió envolverse en la parte Cooperativa de McDonald’s, esa es la sección de la Compañía en la que empresarios de franquicias aportan su propio dinero y se envuelven en campañas de promoción para ayudar a McDonald’s, a promover, vender y anunciar su producto local y nacionalmente. “Tuve el privilegio de ser seleccionado para representar las franquicias en las campañas de promociones a nivel nacional y operaciones administrativas también a nivel nacional”, dice orgullosamente López. Nuevamente, añade que no hubo titubeo alguno en su parte de envolverse totalmente en las operaciones administrativas y eventualmente fue reconocido por personas claves en la empresa.
Según López los latinos en el sistema de McDonald’s en aquel tiempo, no estaban muy bien organizados. “Fue cuando decidí formar parte de una organización dentro del sistema de McDonald’s llamada McDonald’s Hispanic Owners and Operators Association (Asociación de Operadores y Dueños de McDonald’s), mi mayor propósito era envolver a mas latinos en las franquicias de McDonald’s”, dice López. Según López en aquel entonces la Compañía carecía de representación latina en sus operaciones de distribución, algo que él ambicionaba cambiar. McDonald’s decidió entonces que si algún día le daban la oportunidad de instalar a un latino dentro del sistema de distribución, le dejarían saber. Esa oportunidad se presentó en Oklahoma City dos años después de formar parte de la Asociación.
Fue en el 1990 que se me presentó la oportunidad de comprar una compañía llamada Normac Foods, Inc. subsidiaria de Wilson Foods, los propietarios de esta empresa estaban envejeciendo, y McDonald’s vio una gran oportunidad para un latino.
“Por supuesto, esto no era otorgado a nadie con gran facilidad, el candidato elegido tenía que llenar todos los requisitos necesarios, desde experiencia, aptitudes y por supuesto el capital financiero”, comenta López. La primera vez que fue contactado para esta oportunidad, él los rechazó. Estaba muy contento en California, tenía cinco hijos, los dos más jóvenes cursaban la universidad, en USC (University of Southern California). Jugaba golf dos veces a la semana, y sus negocios habían alcanzado gran logro financiero. Pero McDonald’s insistió nuevamente y López decidió por lo menos en aquel momento echarle un vistazo a la operación de distribución. Analizó la situación un poco más de cerca y decidió aceptar el reto, que por supuesto incluía vender todas sus franquicias para recaudar el capital necesario, levantar sus raíces, y moverse a Oklahoma City. “No fue una decisión fácil, tenía que contar con el respaldo de mi familia, analizarlo todo desde el punto de vista económico y ver ambos lados de la ecuación”, dice López. En 1991 vendió todo y en enero primero de 1992, se convirtió en dueño de una planta de distribución en la Ciudad de Oklahoma.
“No hubieron dudas, ni lamentos, pero estaba aterrorizado en aquel tiempo, sabía absolutamente nada del proceso de carnes, llegué a una comunidad que desconocía a los latinos, claro personas muy buenas, y no sabía como íbamos a ser aceptados por la comunidad”, dice López. Hubieron ansiedades de ser dueño y operador de una empresa con más de 300 empleados. Depender en contables, abogados, supervisores, oír sus sugerencias, tomar decisiones que afectarían a tantas personas a la vez.
Pero por encima de todo, comenta López su familia fue, ha sido y siempre será parte de todas las decisiones referentes a sus negocios, y sin su apoyo hubiera sido prácticamente imposible llegar tan lejos. Su esposa Pat es secretaria-tesorera de la Compañía López Foods, uno de sus hijos, John Patrick López es Asistente Vicepresidente de sus facilidades en Tennesse, su otro hijo, Dave López es Asistente Vicepresidente de las facilidades en Oklahoma City. “Mis hijos saben mucho más de la Compañía López Foods y sus operaciones que yo. Si han alcanzado cargos administrativos en la Compañía es por su experiencia, porque han estado en las trincheras desde el principio, no por que son los hijos del dueño, mis tres hijas son dueñas-operadoras de franquicias de McDonald’s, en Arkansas, Texas y Oklahoma, son clientas de López Foods”, dice. Añade que una de las partes esenciales de López Foods es la exactitud de operaciones, calidad, higiene, satisfaciendo los requisitos del Departamento de Salud, al igual que de McDonald’s, que tiene los requisitos de calidad más altos en la industria. Cada paso individual es revisado e inspeccionado vez tras vez, para garantizar nuestros servicios. Cada planta procesadora recibe un reporte de mérito basado en nuestros requisitos. “Algo que puedo decir, que a cualquier nivel de operación, en cualquier decisión empresarial, siempre me he rodeado con el personal de mas experiencia y mas educación, para llevarlo todo a un nivel mas alto. Claro aún tengo la última palabra, la decisión final es mía”, comenta López.
Lazos y dedicación a la comunidad son esenciales para López.
Lopez Foods, una empresa local, ha sido un gran baluarte y apoyo
de La Agencia Latina para el Desarrollo Comunitario en la Ciudad de Oklahoma (LCDA por sus siglas en inglés), que a través de los años ha creado programas sociales desde prevención de abuso doméstico a cuidado infantil.
Cuando llegó su cumpleaños número 65 López confiesa que se prometió tomar más tiempo para su familia, disfrutar con sus 16 nietos, proverbialmente oler las rosas. Hoy día a los 68 años y aún con un CEO, Eduardo Sánchez, que ha tomado las riendas de López Foods, está mas ocupado que nunca. Nuestros clientes: Wal-Marts, Sams Foods, Krogers, Costco, Sonics, Burger King, McDonald’s y muchos más, demandan lo mejor, le damos lo mejor. Estando muy satisfecho con el crecimiento de López Foods, López comenta que ha decidido también invertir en hoteles. Con un acuerdo para Management Development Agreement con la Compañía Choice Hotels International, para desarrollar 5 hoteles, Cambria Suites hotels a través de una Compañía de la cuál es propietario absoluto llamada Sueños, LLC.
“Escogí el nombre sueños, por la única y sencilla razón, de que soy un perpetuo soñador, pero también creo en la realidad de que sí se puede”, dice López. Termina diciendo que es un producto de su raza latina y de una comunidad totalmente diversificada, y que su ambición desde entonces ha sido, el poder dar algo a la comunidad a través de cambios positivos. “La educación es suprema, la ambición es tu mejor amiga, pero cuando esa única oportunidad toca a tu puerta, debes estar preparado para contestarla, porque quizás no volverá a tocar”, concluye López.







