Durante años recorrió como patrullero las calles del sur de Oklahoma City. Conoció sus vecindarios, sus negocios, sus familias y los desafíos que enfrentan tanto la comunidad como los oficiales que trabajan diariamente en esa zona.
Hoy, Beto Balderrama ocupa una de las posiciones de mayor responsabilidad dentro del Departamento de Policía de Oklahoma City (OKCPD): Deputy Chief, o subjefe de policía.
Para él, el ascenso representa más que un nuevo rango. Es también una oportunidad de continuar sirviendo a las comunidades que aprendió a considerar como propias.
“Yo no he cambiado para nada. Soy el mismo”, afirma.
La historia de Balderrama en Oklahoma comenzó cuando tenía 16 años. Llegó a Oklahoma City, estudió en U.S. Grant High School y posteriormente continuó su preparación académica en Oklahoma City Community College. Antes de incorporarse al departamento de policía, trabajó como guardia de seguridad para Oklahoma County.
A los 21 años solicitó ingresar al OKCPD. Su objetivo, recuerda, nunca fue alcanzar una posición de liderazgo.
“Yo nomás quería ser policía, ayudar a la comunidad y servir a mi gente”, recuerda.

Su carrera comenzó en la división Will Rogers, donde patrulló durante aproximadamente una década el sur de Oklahoma City. Posteriormente formó parte durante dos años del equipo antipandillas.
Fue durante esos primeros años cuando descubrió una herramienta que marcaría su trayectoria: el español.
“Yo sabía que tenía algo especial. Y lo especial era hablar español”, explica.
Para Balderrama, hablar directamente con una persona en su propio idioma no es solamente una ventaja lingüística, sino una herramienta fundamental para el trabajo policial.
“Como policía, el arma número uno que tenemos es nuestra comunicación. No es la pistola, no es el spray. Es la comunicación con la comunidad”, sostiene.
Después de aproximadamente 27 años en el ámbito policial, Balderrama alcanzó una posición que nunca había imaginado. Actualmente es uno de los cinco Deputy Chiefs del departamento y tiene bajo su responsabilidad, entre otras áreas, las divisiones Southwest y Santa Fe.
“Toda la ciudad es importante y todas las unidades que tenemos, los equipos son importantes. Pero para mí, claramente, es el sur”, señala.
Su vínculo con esa zona de la ciudad está relacionado directamente con su historia personal y profesional y con la comunidad hispana, con la que ha mantenido contacto durante décadas.

Desde su nueva posición ha acudido a reuniones de inicio de turno con los patrulleros para conocerlos, apoyarlos y transmitirles una filosofía que considera fundamental: los oficiales deben ver los barrios que patrullan como su propia comunidad.
“Las comunidades que ellos patrullan son nuestros vecinos y quiero que ellos piensen así”, explica.
Su mensaje es sencillo: “Esta es mi comunidad. Estos son mis barrios”.
Para Balderrama, ejercer autoridad tampoco significa perder de vista el trato humano. Reconoce que los policías deben hacer cumplir las leyes, emitir multas o realizar arrestos cuando corresponde, pero considera que el respeto debe estar presente incluso en los momentos difíciles.
Por eso habla de cuatro elementos fundamentales en el trabajo policial: orgullo, dedicación, responsabilidad y respeto.
“La misión no debe reducirse a detener personas”, sostiene. “El oficial no debe salir con la mentalidad de ver a cuánta gente puede detener, sino con la mentalidad de ver a cuánta gente puede ayudar”.
Su conexión con la comunidad hispana también está relacionada con la Unidad Bilingüe del OKCPD, creada en 2003 para apoyar a personas que requieren atención en idiomas distintos al inglés.
Balderrama explica que, de los pocos oficiales bilingües que había al inicio, la unidad cuenta actualmente con alrededor de 80 elementos capacitados para brindar asistencia en español, vietnamita y lenguaje de señas. El objetivo, señala, es acercarse a los 100 oficiales.

La transformación también se refleja en las nuevas academias de policía, donde, según Balderrama, cada vez hay más oficiales hispanos bilingües.
“Ha cambiado la cara del departamento. Y obviamente ha cambiado la cara del departamento porque está cambiando la cara de la ciudad”, señala.
Al hablar de su trayectoria, Balderrama evita presentar su ascenso como una historia individual. Reconoce el apoyo de oficiales, líderes comunitarios, dirigentes de la ciudad, amigos y vecinos que lo acompañaron durante el camino.
“Yo no llegué aquí solo. Llegué aquí con mucha ayuda, y mucho apoyo, y muchos consejos. Y muchas buenas relaciones con nuestra comunidad. Llegamos aquí juntos. Aquí no estoy solo”, señala.
Para el hombre que comenzó recorriendo las calles del sur de Oklahoma City, aquella frase parece cerrar un círculo. Llegó a Oklahoma siendo adolescente, se convirtió en policía, patrulló los mismos barrios donde creció y ahora ocupa una posición de liderazgo.
Sin embargo, asegura que su objetivo continúa siendo esencialmente el mismo que tenía cuando comenzó: servir a la comunidad.







