Han pasado 19 años desde que la vida de Daniela Spanic cambió repentinamente. En 2007, durante su embarazo, sufrió un derrame cerebral que la mantuvo en coma durante aproximadamente una semana y media y dejó importantes secuelas físicas.
La actriz y modelo venezolana recordó que al despertar ni siquiera tenía conciencia de estar embarazada. El accidente afectó su habla y movilidad, mientras los primeros diagnósticos planteaban un escenario poco alentador para su recuperación. Con rehabilitación y un proceso que se extendió durante años, consiguió volver a comunicarse y desplazarse por sí misma. Daniela reconoce que todavía desconoce qué provocó aquel episodio.
Su presente está alejado en buena medida de la televisión y el modelaje que marcaron otra etapa de su carrera. Spanic dedica actualmente buena parte de su tiempo a la pintura y al estudio de la astronomía, una afición vinculada con los recuerdos de su infancia en Ortiz, Venezuela, donde creció junto con Gabriela y sus hermanos Patricia y Antonio.
En sus pinturas aparecen temas relacionados con su fe, el amor por su hija y su interés por el Sistema Solar. La naturaleza también ocupa un lugar importante en sus recuerdos: desde niña disfrutaba observar las estrellas y pasar tiempo cerca del río de su pueblo.
¿QUÉ PASÓ ENTRE DANIELA Y GABRIELA?
La relación con su hermana gemela ha atravesado diferentes etapas y durante años sus diferencias llegaron a convertirse en tema de la prensa de espectáculos. En 2021 ambas aparecieron públicamente juntas nuevamente, después de periodos de distanciamiento. Daniela también aclaró una historia que las ha acompañado desde su juventud: el supuesto conflicto por Miss Venezuela 1992.
Según explicó, existía la posibilidad de que ambas participan, pero Gabriela manifestó que prefería hacerlo sola. Daniela aceptó y ahora rechaza responsabilizar a su hermana por aquella decisión.
“ELLA HACE SUS COSAS Y YO LAS MÍAS”
La cercanía entre las gemelas actualmente es limitada. Daniela evitó profundizar en las razones y explicó que cada una ha construido su propia vida. Señaló que recientemente tuvo comunicación con Gabriela durante una visita de su padre, aunque dejó claro que el contacto entre ambas no es constante.
Su respuesta muestra una relación distante, pero sin las acusaciones públicas que acompañaron algunos episodios familiares del pasado. A casi dos décadas del derrame cerebral, Daniela prefiere concentrarse en una historia diferente: la vida que logró reconstruir después de enfrentar un diagnóstico que parecía limitar definitivamente su independencia.






