Tuesday – July 23, 2024

Cambio de rumbo 

Poco más de un mes antes de las asambleas electorales de Iowa, un agente político republicano estaba sentado en un bar de Washington repasando la dinámica de las primarias presidenciales de su partido.

El veterano de campañas por más de dos décadas de ciclos electorales, sopesó las fortalezas de la cada vez más reducida lista de contendientes republicanos y los riesgos potenciales de nominar a un expresidente que enfrenta cuatro acusaciones y docenas de cargos criminales. En sus conclusiones no se anduvo con rodeos.

“Una cosa no ha cambiado: este es el partido de Trump”, dijo el agente. Pero quería dejar en claro que eso no significaba que un segundo mandato de Donald Trump fuera una réplica del primero. “Todo a su alrededor ha cambiado”, dijo sobre el expresidente. “Para su beneficio”. Seis meses después, Trump es efectivamente el presunto candidato republicano.

Aunque ahora también es un delincuente convicto. Hay varios otros factores que sirvieron para validar el punto general del agente. Los republicanos han cerrado filas masivamente en apoyo al candidato.

El primer mandato de Trump estuvo definido en gran parte por las barreras políticas con las que se chocó, las normas institucionales que violó y los legisladores y asesores veteranos contra los que arremetió.

Ahora cada uno de ellos está disminuido, remodelado para su beneficio o eliminado por completo. Trump y sus aliados tienen toda la intención de aprovechar esta nueva realidad si gana un segundo mandato.

Sus objetivos políticos, que en el pasado parecían aspiracionales en el mejor de los casos y meras fantasías en el peor, no son ahora insignificantes ni hipotéticas

El caos del primer mandato de Trump, junto con la retórica familiar aunque crecientemente incendiaria y oscura de sus mítines, puede tener el efecto de oscurecer una agenda que en muchos casos es bastante clara. Deja en evidencia hasta qué punto su revancha contra Joe Biden no es análoga a la campaña de 2020.

Tampoco es una repetición de la campaña de 2016, cuando Trump derrotó a Hillary Clinton.

Los legisladores

Trump —en caso de lograr un segundo mandato— llegaría a la Casa Blanca con un nivel de apoyo de los republicanos en el Congreso que no existió en su primer mandato.

Es una realidad que quedó claramente de manifiesto en Washington a principios de este mes, cuando el expresidente se reunió a puertas cerradas con republicanos de la Cámara de Representantes y del Senado en el Capitolio. Sus declaraciones ante los legisladores de la Cámara fueron recibidas con varias ovaciones de pie.

Los republicanos del Senado obsequiaron a Trump un pastel de cumpleaños para conmemorar su 78 cumpleaños.

Fue la primera visita de Trump al Capitolio desde el ataque del 6 de enero de 2021. Cualquier oposición republicana que hubiera surgido a raíz de los disturbios –y hubo mucha– se ha evaporado gracias a los intensos esfuerzos de Trump y su equipo para construir una operación política que distribuya los respaldos codiciados mientras trabaja activamente para destripar las voces opositoras en el partido.

Muchos de sus críticos republicanos más duros están fuera de la política. Diez republicanos de la Cámara votaron a favor de acusar a Trump después del 6 de enero. Dos años más tarde, cuatro de ellos fueron derrotados en las primarias republicanas. Otros cuatro optaron por jubilarse. Trump celebró las jubilaciones y ayudó activamente en la desaparición política de quienes se postularon para la reelección.

El senador de Utah Mitt Romney, uno de los últimos críticos republicanos de Trump que quedan en el Congreso, no buscará la reelección este año.

Los republicanos del Senado que formaron parte del núcleo institucional e intelectual de la conferencia y a quienes a menudo irritaban la política y las inclinaciones personales de Trump también desaparecieron hace mucho tiempo. Senadores como Jeff Flake, Pat Toomey, Bob Corker, Lamar Alexander, Roy Blunt y Rob Portman se han retirado. El senador de Arizona John McCain murió de cáncer en 2018.

Los jueces

El logro fundamental del primer mandato de Trump puede verse en los tribunales federales de todo el país.

Su huella en la Corte Suprema ha sido tan bien documentada como sus resultados dramáticos, ya que sus tres nombramientos modificaron el equilibrio ideológico en el tribunal. Los tres votaron con la mayoría en la decisión que anuló Roe v. Wade.

Pero Trump también reformó el poder judicial a nivel de los tribunales de apelación y de distrito. En total, nominó a 234 jueces federales que recibieron la confirmación del Senado.

La velocidad y la escala con la que Trump aseguró su legado judicial fueron orquestadas en gran parte por McConnell y Don McGahn, el primer abogado de Trump en la Casa Blanca.

Pero la composición ideológica de los designados por Trump, en particular los seleccionados en sus dos últimos años, representó en algunos casos un cambio en sí mismo.

Los asesores

Trump no es de los que reconocen sus fracasos, pero ha estado a punto de hacerlo en un aspecto de su primer mandato: el personal. “Cometí un error con algunas personas que puse”, dijo Trump en una entrevista en Newsmax en marzo, citando su inexperiencia con los jugadores en Washington.

Las guerras entre algunos de los funcionarios más altos de la administración Trump y el expresidente han llenado docenas de libros.

Un número sin precedentes de esos funcionarios (un secretario de Defensa, un asesor de seguridad nacional y un jefe de gabinete de la Casa Blanca, por nombrar solo algunos) han dicho  públicamente que Trump no es apto para el cargo y que no votarán por él en 2024.

Los colaboradores más cercanos de Trump, sin embargo, ven esto como un reflejo de un problema que no es con Trump, sino con el proceso que permitió que sus detractores fueran contratados en primer lugar.

Ahora Trump está rodeado de asesores cercanos, dentro y fuera de la campaña, que son extremadamente leales y que seguramente desempeñarán papeles clave si gana un segundo mandato. Pero los grupos externos comparten lo que se consideran objetivos críticos, aunque tecnocráticos, de garantizar la lealtad a Trump desde el principio y colocar a esos leales en sus posiciones desde el primer día.

El candidato

Trump entra en la recta final de la campaña como un expresidente acusado dos veces que instigó y aceleró los intentos por anular el resultado electoral de 2020. Los fiscales federales y estatales lo han acusado de conspirar para anular las elecciones.

Se enfrenta además a una amplia acusación federal que alega que retuvo intencionalmente documentos que contenían los secretos más sensibles de la nación y luego trató de obstruir la investigación sobre su paradero.

Es el primer expresidente condenado por delitos graves y enfrenta sanciones por más de US$ 500 millones tras decisiones judiciales en casos de fraude civil, difamación civil y agresión sexual.

Se enfrenta también a una sentencia en su juicio por pago de dinero secreto en Nueva York, pocos días antes de que comience la convención republicana en Milwaukee el 15 de julio.

Esperando entre bastidores hay otros casos contra Trump con mucho más en juego que probablemente vayan a juicio después de las elecciones.

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Randy King

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