Lunes, 18 Octubre 2021
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Punto de Inflexión

Punto de Inflexión Destacado

El 11 de septiembre de 2001 acabó por convertirse en la jornada más oscura de la mayor ciudad de Estados Unidos. Una serie de atentados islamistas coordinados dejaron casi 3.000 muertos y cambiaron el rumbo de la historia.

 

Poco antes de las 08:00hr, 19 yihadistas, la mayoría de Arabia Saudita, abordaron cuatro aviones en aeropuertos de Boston, Washington y Newark, cerca de Nueva York. Llevaban cuchillos, permitidos entonces si la hoja era de menos de 10 cm.

 

En el sur de Manhattan, cientos de empleados ya estaban en sus o cinas en Wall Street, donde se alzaban las Torres Gemelas, de 115 metros dealtura, cuando a las 08:46hr el vuelo 11 de American Airlines que había despegado de Boston hacia Los Ángeles, secuestrado por cinco yihadistas, se estrelló entre los pisos 93 y 96 del edificio norte. Los 87 pasajeros y tripulantes murieron en el instante, así como centenares de las 50.000 personas que trabajaban en el World Trade Center (WTC), símbolo del poderío económico estadounidense. Muchos quedaron atrapados por encima del piso 91, sin acceso a las escaleras de emergencia.

 

ESTADOS UNIDOS BAJO ATAQUE

Eran las 09:03hr y el vueo 175 de United Airlines con 60 pasajeros y tripulantes, además de cinco terroristas, que había despegado de Boston con destino a Los Ángeles acababa de estrellarse contra los pisos 77 a 85 de la torre sur del WTC, justo encima de ellos, provocando una explosión gigante.

 

Muchas personas que estaban desalojando el edificio quedaron atrapadas en los ascensores y por encima de piso 85. “Estados Unidos está bajo ataque”, le susurró al oído a Bush subjefe de gabinete.

 

“NO PUEDO CREER QUE VAYA A MORIR ASÍ”

Al Kim, un paramédico de 37 años, se preparaba para acoger heridos en el hotel Marriott, frente al WTC, cuando escuchó un ruido tremendo y se lanzó bajo una camioneta estacionada bajo un puente para protegerse.

 

La torre sur se desplomó en 10 segundos, matando a más de 800 civiles y rescatistas que estaban en la zona. La polvareda era tan inmensa que Kim quedó en total oscuridad.

 

“No puedo creer que vaya a morir así”, pensó. Cuando consiguió salir de allí, “tan lejos como abarcaba la vista, la devastación era total”, recordó. “No podía respirar de tan acre que era el aire. Recuerdo utilizar mi camiseta para taparme la boca. No podía ver mis manos junto a mi cara”, contó a la AFP casi 20 años después, al recorrer emocionado por primera vez la explanada del Museo y Memorial del 9/11, a pasos del puente que podría haberse desplomado pero que se mantuvo firme y le salvó la vida.

 

Con los ojos heridos, cejas y vías respiratorias quemadas y el cuerpo cubierto de una gruesa capa de cenizas, escuchó la voz de dos colegas, los ubicó y los tres se tomaron de la mano “como niños de escuela”. Así avanzaron en la oscuridad total, entre escombros y llamas.

 

Escuchaban alarmas que sonaban sin parar. No lo sabían aún, pero eran los sensores de decenas de bomberos enterrados bajo los escombros, que se activan si no hay movimiento durante un cierto tiempo. Media hora antes, a las 09:30hr, ya informado del ataque contra la segunda torre, Bush había calificado los atentados de “tragedia nacional”. “El terrorismo contra nuestra nación no prevalecerá”, dijo.

 

En el Pentágono, el cuartel general del departamento de Defensa situado en Arlington, Virginia, Karen Baker, una experta en relaciones con la prensa del ejército que entonces tenía 33 años, ya sabía a esa hora que los ataques contra el WTC no habían sido un accidente, pero se sentía “en el lugar más seguro del mundo”.

 

Caminaba desde la cafetería del Pentágono hacia su escritorio cuando el vuelo 77 de American Airlines que había despegado del aeropuerto de Washington Dulles hacia Los Ángeles con 59 pasajeros y tripulantes a bordo, secuestrado por cinco yihadistas, se estrelló contra la fachada oeste del edificio de concreto reforzado. Eran las 10:15hr.

 

“Fue una explosión fuerte y luego sentimos un temblor”, recuerda. “Pensamos entonces que era una bomba”.

 

UNA BATALLA EN EL CIELO

A las 09:58hr, Edward Felt, pasajero del vuelo 93 de United Airlines que había despegado de Newark, Nueva Jersey, con destino a San Francisco, logró encerrarse en el baño y llamar al teléfono de emergencias 911 para denunciar que su avión había sido secuestrado por cuatro yihadistas que se apoderaron de la cabina y desviaron la nave hacia Washington DC. Fue una de las últimas de 37 llamadas de móvil hechas por pasajeros y tripulantes a familiares desde el avión secuestrado.

 

Otro pasajero, Jeremy Glick, logró explicar a su esposa en tierra que los pasajeros votaron y decidieron asaltar la cabina, pero que aguardaban sobrevolar una zona rural para actuar. “¿Están listos? Vamos”, dijo otro, Todd Beamer, mientras hablaba por teléfono con un interlocutor en tierra. El enfrentamiento fue breve: cinco minutos después de la llamada de Felt, a las 10h03, el avión se estrelló a 900 km/h contra una colina arbolada cerca de la pequeña comunidad de Shanksville, en Pensilvania, a 20 minutos de la capital estadounidense.

 

Gordon Felt, hermano de Edward, se hallaba en el campo, al norte de Nueva York, trabajando en una colonia para jóvenes autistas.

 

Casi 20 años más tarde, en el lugar donde cayó el avión y donde se construyó un memorial en un inmenso parque, recuerda que cuando se enteró de que Edward estaba en el avión secuestrado le dejó un mensaje en el contestador de su celular. “Ed, cuando aterrices llámanos, estamos inquietos”. Unas horas más tarde, su cuñada le llamó para decirle que no había ningún sobreviviente, y pidió a Gordon dar la terrible noticia a su madre. A las 10:28hr colapsó la torre norte del WTC tras arder durante 102 minutos.

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