Jueves, 29 Junio 2017
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Relación De México Y EE.UU.

Relación De México Y EE.UU.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ensalzó su partido, el PRI, al asegurar que este asumió el “desafío” de reconstruir la relación con Estados Unidos y la defensa de la “soberanía” y “dignidad” de México.

“Con este mismo sentido de responsabilidad de Estado hemos asumido el desafío de construir una nueva relación con el Gobierno de Estados Unidos”, apuntó el mandatario en el marco del 88 aniversario del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Peña Nieto aseguró que su partido “antepone el supremo interés de la nación a cualquier otro interés”, y defiende los valores nacionalistas. Esto último, añadió, “nos alienta a la defensa de nuestra soberanía y de nuestra dignidad como país”.

“Hemos actuado con diplomacia (con Estados Unidos), y al mismo tiempo, con firmeza, y hemos ofrecido y exigido respeto y con dialogo, dejando bien claro qué buscamos y qué no aceptamos”, dijo el gobernante.

En el mensaje, rodeado de militantes de su partido, aseveró que tiene también el “compromiso firme” de defender los connacionales en Estados Unidos.

Las relaciones entre México y Estados Unidos viven su peor momento en décadas tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el inicio de la implementación de duros controles migratorios, la amenaza de la construcción de un muro en toda la frontera común y la intención de implementar medidas comerciales proteccionistas. Trump ha amenazado con imponer aranceles a los productos mexicanos y busca renegociar los términos del TLCAN al considerar que perjudica los intereses de su país, algo a lo que México está dispuesto. El mandatario ha hecho también referencia a las elecciones que se disputarán este año y el siguiente en México.

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  • Monumento Racista

    El expresidente mexicano Vicente Fox calificó hoy el proyecto del muro fronterizo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de monumento “racista e inútil” que será fácil de vencer para cualquiera con una simple escalera. En un vídeo difundido en las redes sociales, el expresidente (2000-2006) se dirige a Trump, a quien se refiere como “el actual presidente del Colegio Electoral de Estados Unidos”, para señalarle que el muro “no va a detener a nadie que realmente quiera cruzar la frontera, solo va a hacer a tu país más débil, más pobre y menos respetado en el resto mundo”.

    “¿Vas a construir un muro de 25.000 millones de dólares que puede ser vencido con una escalera de 25 dólares?”, preguntó Fox con sarcasmo al mostrar el dibujo de una escalera. Fox insistió en que los mexicanos no pagarán por un muro que es un “monumento estúpido, inútil y racista” y destacó que con los 25.000 millones que se asegura costará se pueden hacer mejores cosas en el mundo. Con esos fondos, se puede dar agua potable al mundo entero durante tres años, acabar con el hambre mundial durante un año, pagar a 50.000 maestros por una década o las colegiaturas a 250.000 estudiantes universitarios. “¿No es una mejor legado que un inútil muro de odio?”, preguntó Fox a Trump, a quien dijo que en lugar de agua prefiere el refresco de dieta, “que por cierto no está funcionando”.

    El expresidente mexicano comentó que las especificaciones técnicas del muro de Trump deben incluir el verse bonito del lado estadounidense, lo que lleva a preguntarse por qué los mexicanos pagarían por algo agradable”.

  • La base minera

    El hartazgo de los mineros y los trabajadores del acero dio a Donald Trump el triunfo en las elecciones y, ahora, como presidente, acude a su base más fiel para justificar decisiones tan criticadas como la de Estados Unidos del Acuerdo climático de París.

    “Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, y no a los de París”, dijo Trump en una frase que resume su política para poner a “EE.UU. primero” (“America First”) y priorizar la creación de empleo en zonas industriales, como Pittsburgh, por encima de cualquier compromiso internacional.

    Trump recuperó el tono populista de sus actos de campaña y, frente a una audiencia mundial, prometió que la salida de EE.UU. del “injusto” Acuerdo de París impulsará el desarrollo de un “carbón limpio” que permitirá la creación de cientos de miles de empleos en las minas, en la industria del acero y en la del automóvil.

    “Las minas-aseguró- ya están empezando a abrir, tenemos una gran apertura

    en dos semanas, en Pensilvania, en Ohio, en Virginia Occidental, en tantos lugares. Una gran apertura de una nueva mina. Eso es inaudito. Por tantos, tantos años que no ha sucedido. Me preguntaron si iba a ir y lo voy a intentar”. No mencionó el nombre de la mina en su discurso, pero inmediatamente después los jefes de la mina Acosta hicieron oficial la invitación a Trump para su ceremonia de apertura. La mina Acosta, en el oeste de Pensilvania, creará entre 70 y 100 empleos y producirá 400.000 tonela das anuales de carbón, según la empresa Corsa Coal, propietaria del yacimiento.

    Esa pequeña creación de empleo apenas servirá para aliviar la dañada industria del carbón, que ha perdido 60.000 puestos de trabajo desde 2011, en gran medida debido al “boom” de la fractura hidráulica que ha convertido al gas natural en una alternativa mucho más barata que el carbón.

    En todo caso, el Acuerdo de París y las políticas medioambientales del expresidente Barack Obama han sido percibidos como el origen de todos los males por los habitantes del cinturón de óxido de EE.UU. (“rust belt”), el corredor desindustrializado que va de Pensilvania a Minnesota y que apoyó en masa a Trump.

    “La gente no gasta el dinero como antes, hay muchos negocios que han cerrado, casas tapiadas, la gente se va todo el tiempo a buscar otras oportunidades”, retrató en declaraciones Polly Bernard, de 61 años y que vive en Gillette, en el estado de Wyoming y apodada como “la capital de la energía de la nación”.

    La ciudad de Gillette ha visto crecer el desempleo y su tasa de pobreza por encima de la media nacional en los últimos años, alcanzado un pico del 6,2% de desempleo en junio de 2016, cuando la tasa media en Estados Unidos era del 4,9%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. Bernard encajó de mala gana las estocadas del declive. Se niega a abandonar su casa y tiene dificultades para llegar a final del mes y pagar la hipoteca. “He pasado 10 años en las minas, trabajé primero en una y luego en otra. Ganaba unos 72.000 dólares al año, más o menos. La empresa se declaró en quiebra y nos despidieron al mismo tiempo a entre 4.000 y 6.000 trabajadores.

    Eso es mucho, todo el mundo buscaba trabajo como loco y no había nada”, narró. Varios meses después del despido, Bernard consiguió un trabajo en una escuela infantil, donde gana unos 20.000 dólares al año. “Me encargo de lavar los platos. La verdad, es una lucha, una lucha continua, el dinero no es suficiente. Es una pena, es como si se estuviesen riendo de nosotros”, lamenta.

    La pérdida de capacidad adquisitiva de Bernard, su rabia y su cansancio, impulsa a Trump, quien en sus discursos pregona el comienzo de una nueva era de poder para la clase trabajadora, sometida al vendaval de la globalización.

    “¿Cuándo comenzó Estados Unidos a degradarse? ¿En qué punto empezaron a reírse de nosotros como país? Queremos un trato justo”

  • Cien años de JFK

    Cien años después de su nacimiento, el mito de John Fitzgerald Kennedy, conocido popularmente como JFK, sigue más vivo que nunca en EE.UU., donde muchos compatriotas le veneran como un símbolo de las esperanzas y aspiraciones de su país. El trigésimo quinto presidente de Estados Unidos cumplió un siglo desde que nació en una casa relativamente modesta en Brookline, a las afueras de Boston (Massachusetts). Pese a una frágil salud, el único mandatario católico que ha ocupado la Casa Blanca no defraudó a sus

    padres, de origen irlandés.

    Ávido lector, reconocido donjuán y amante del deporte, Kennedy viajó por Europa, donde su padre fue embajador de EE.UU. en Londres; se graduó en Humanidades con honores en la Universidad de Harvard y combatió en la II Guerra Mundial, de donde volvió como un héroe. Tras ejercer de congresista y senador en el Capitolio de Washington, el joven John alcanzó el cenit de su carrera política el 8 de noviembre de 1960, cuando se impuso como candidato demócrata al republicano Richard Nixon en unas reñidas elecciones presidenciales. Bien es sabido que durante su Presidencia Kennedy lidió con el fracasado intento de invasión de la cubana Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro (1961), la Crisis de los Misiles de Cuba (1962), que colocó al planeta al borde de una guerra nuclear entre EE.UU. y la Unión Soviética, y el impulso de la carrera por la exploración del espacio exterior, entre otros desafíos.

    De su legado resuena con fuerza su genial oratoria, encumbrada en la famosa frase de su discurso de investidura pronunciado el 20 de enero de 1961: “No preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti; pregunta qué es lo que tú puedes hacer por tu país”. Y todo el mundo conoce, cómo no, el trágico final de JFK el 22 de noviembre de 1963, cuando recibió varios impactos de bala en el centro de Dallas (Texas) que segaron su vida a la edad de 46 años, un asesinato grabado a fuego en la memoria colectiva de EE.UU.

    Con motivo ahora de su centenario, la imagen joven y optimista de Kennedy renace en el recuerdo de los estadounidenses merced a la celebración

    de actos conmemorativos en todo el país. Esa imagen reluce en un sello que el Servicio Postal de Estados Unidos emitió para celebrar los cien años de JFK.

    El timbre reproduce el emblemático retrato que el fotógrafo Ted Spiegel hizo de Kennedy en 1960 durante un acto de campaña electoral en la Plaza de la Victoria de Seattle, en el que el entonces aspirante presidencial demócrata, vestido para el mitin con traje y corbata, eleva la mirada con semblante pensativo y optimista.

    También conmemora el centenario el Kennedy Center, el templo de las artes escénicas de Washington que toma el nombre del mandatario y rinde homenaje a su pasión por el arte. La institución ha programado una serie de conciertos y espectáculos inspirados en sus ideales: el coraje, la libertad, la justicia, el servicio y la gratitud. A unos diez minutos a pie del centro cultural se llega a Georgetown, el barrio más pintoresco y elegante de Washington, donde pasear por sus calles adoquinadas supone una inmersión en la biografía de John Fitzgerald Kennedy.

    No en vano, Kennedy residió en Georgetown en su etapa de congresista y senador. Dejó una huella muy especial en el célebre “Martin’s Tavern”, un acogedor e histórico pub de inconfundible fachada amarilla. Cuenta la

    leyenda y, recuerdan una y otra vez los dueños del pub, que Kennedy pidió matrimonio en el “Reservado 3” a la periodista Jacqueline Bouvier (más conocida como Jackie) el 24 de junio de 1953, tras regresar la joven de cubrir la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra para el diario Washington Times Herald. “Cada semana tenemos aquí dos o tres proposiciones. Quieren pedir matrimonio donde lo hizo JFK”, asegura a Efe Chrissy Gardner, responsable de mercadotecnia del establecimiento.

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