Martes, 22 Mayo 2018
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Diez años de Guerra

Diez años de Guerra Destacado

Víctimas de una década del impulso que le dio el gobierno de calderón (y que continuó el de peña).

Vestido del verde olivo que distingue a los militares, Felipe Calderón va flanqueado por los secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina.
Es 3 de enero de 2007 y el presidente visita Apatzingán, donde hace menos de un mes su gobierno lanzó el Operativo Conjunto Michoacán, inaugurando la narrativa de “batalla frontal” contra el crimen organizado, echando mano de las Fuerzas Armadas. Esto marcaría su sexenio y trascendería al mandato de Enrique Peña Nieto. El pasado 11 de diciembre se cumplieron 10 años de una lucha para abatir a la delincuencia que, según muestran las cifras oficiales y de acuerdo con las autoridades y expertos, tiene al país en una escalada de violencia comparable con la de una guerra formal, que ha fallado en su propósito de desmantelar al crimen organizado y el tráfico de drogas. Una estrategia que ha estigmatizado al país y ha originado violaciones de derechos humanos y una percepción ciudadana negativa que dificultan su propósito: garantizar a la ciudadanía seguridad y justicia, así como respeto a la legalidad.
“Prefiero que me juzguen, a veces creo que injustamente en fin, la historia dirá, por haber actuado que por haberme quedado quieto”, dijo Calderón ante víctimas del delito, con quienes debatió durante los Diálogos de Chapultepec celebrados en junio de 2011.
Existe consenso en torno a que el Estado debía actuar ante el fortalecimiento de las organizaciones criminales y su control de algunas actividades y regiones del país, así como la corrupción de autoridades coludidas con ellas, pero los cuestionamientos radican en el cómo se ha llevado a cabo. La falta de trabajo de inteligencia y coordinación entre autoridades; adaptar las intervenciones a la situación particular de cada región o fenómeno que se pretende atacar; prevenir las causas que llevan a las personas a delinquir, y preparar a los cuerpos de policías e incluso capacitar a los militares cuya lógica no es de patrullar las calles sino aniquilar a los enemigos de la nación, son algunas de las fallas que, de acuerdo con los conocedores, siguen latentes. La paz es un objetivo aún lejano: esta década acumula más de 172,000 asesinatos de acuerdo con el reporte de los gobiernos sobre denuncias, sólo por hablar del indicador más común para medir la situación de inseguridad.
Aunque durante algunos periodos se ha logrado reducir el fenómeno, no ha sido posible regresar a los niveles previos a esta campaña. La administración de Enrique Peña Nieto heredó el problema y la estrategia, pues aunque anunció que su gobierno daría un mayor impulso a la coordinación y a la prevención, se ha mantenido la dinámica de los operativos reactivos.
“Las lecciones nadie las ha querido aprender. Seguimos haciendo lo mismo y obteniendo, por lo tanto, los mismos resultados”, enfatiza Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano, que mes con mes da seguimiento a las cifras de incidencia delictiva.
Pero los retos no son exclusivos del Ejecutivo. El Congreso tiene pendiente aprobar una reforma que defina el modelo de policía municipal y estatal, además de dar certeza legal a la participación de los militares en labores de seguridad pública, en tanto que el Poder Judicial debe llevar a buen puerto el nuevo sistema de justicia penal.
En estos 10 años, ¿qué ha faltado, qué queda por mejorar para evitar otra década con los mismos o peores resultados? Desde distintos puntos de vista, hay voces nos ayudan a reflexionar sobre cómo ganar la “guerra” que se vive.

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    El estrés postraumático se puede presentar a cualquier edad, según el Centro Nacional para el Estrés Postraumático; 7-8 de cada 100 personas sufrirán de esta enfermedad en algún momento de sus vidas; siendo las mujeres más propensas que los hombres. La habilidad para reaccionar en estas situaciones difíciles e inusuales, depende en parte de las características individuales de cada persona, determinadas por la genética, la personalidad, el ambiente familiar y social que los rodea.

    Los síntomas varían de acuerdo con la edad. Niños menores de 6 años por ejemplo pueden reaccionar: orinándose en la cama, no hablando, representar la experiencia en un juego, aferrarse más de lo normal a los padres o adultos. Los niños mayores pueden exhibir alteraciones de la conducta: ser irrespetuosos con actitudes destructivas. Los adolescentes pueden sentirse culpables, con sentimientos vengativos, de preocupación y tristeza; explosiones de ira, etc. Niños y adultos pueden presentar recuerdos del trauma en pesadillas y evocación involuntaria en determinados momentos del día, perder el interés por las aficiones y diversiones, etc. Es típico observar cómo evitan acudir a lugares que le recuerden el incidente o tener conversaciones relacionadas con él, ya que les causa: palpitaciones, dificultad para respirar, sudor cada vez que recuerdan el hecho.

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