Sábado, 23 Febrero 2019
BREAKING NEWS
Jueves, 21 Febrero 2019 09:31

Sendas de justicia

¡Caminos! ¡Quién no conoce caminos! Para trasladarnos de un sitio a otro nos valemos de un camino. Los caminos unen a los pueblos entre sí. Ellos se abren paso por las montañas, atraviesan los valles y acortan las distancias. Un camino es una senda. Pero una senda no es solamente un trayecto abierto en la tierra, sino que también una senda es un modo de conducirnos en la vida, es la dirección que cada uno de nosotros lleva en la dimensión de las relaciones con Dios y con los demás seres humanos, la manera como tratamos a los demás; es, en una palabra, toda una filosofía de cómo nos enfrentamos a la vida. Hablar, pues, de sendas, es hablar de normas de conducta.

El antiguo escritor, poético, escribió: “Me guiará por sendas de justicia, por amor de su nombre”. Esta declaración es de suma importancia. Ella nos abre una ventana al interior de David. En la vida hay "sendas de justicia" y también sendas de maldad y perversión. Justicia es algo de lo cual a todos nos gusta hablar y que todos deseamos recibir de los demás. Es evidente que hay varias clases de justicia, pero, en esencia, justicia -o lo justo, mejor dicho es tratar bien a los demás; y en un sentido todavía más hondo, justicia es andar en los caminos de Dios, es obedecer los mandamientos de Dios. Quiere decir hacer el bien y nunca el mal, porque es la voluntad de Dios, que andemos por sendas de justicia. Sin embargo la naturaleza del hombre es de rebeldía, de ingratitud y de injusticia. La Biblia dice que “No hay justo, ni aun uno”, y “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. De modo que de sí mismos, lo hombres no podemos ni queremos andar “por sendas de justicia”.

Este es el milagro estupendo de la Gracia divina. Y lo interesante, mi amigo, es que Dios quiere realizarlo en usted también. El sembrará en su corazón impulsos nuevos y santos. Y lo hará “por amor de su nornbre.”porque Su nombre es glorificado en la obediencia de Sus hijos.
 
ORACION. Es maravilloso Señor, caminar contigo en la vida. Tú me guías por los senderos más excelentes. ¡Te amo Señor!...

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Jueves, 24 Enero 2019 09:14

Siete maravillas del mundo antiguo

Las Pirámides de Cheops, en Egipto; los Jardines Colgantes de Babilonia, en la Mesopotamia; el Coloso de Rodas, en Grecia; el Templo de Diana, en Efeso, Asia Menor; la Estatua de Júpiter Olímpico, el Faro de Alejandría y el Templo de Salomón, son considerados las siete maravillas del mundo antiguo. Fueron todas ellas obra del ingenio y el arte del hombre, y quedaron a través de los siglos como señales de lo que es capaz de hacer el ser humano usando su inteligencia y sus facultades superiores. Joyas de ingeniería o de arte, bien merecen su nombre de maravilla. Pero yo conozco otras maravillas, que son también del mundo antiguo, y que si bien no impresionan al ojo humano, por su grandiosidad o su espectacularidad, sí impresionan al alma por su verdad.

Me refiero amigo, a estas cosas que están escritas en el Salmo 19, y que son cosas del Dios Todopoderoso. Ellas son: la Ley, el Testimonio, los Mandamientos, el Precepto, el Temor de Dios, y los Juicios de Dios. He aquí amigo seis cosas maravillosas que bien creídas y bien aceptadas, convierten al hombre de pecador perdido, en hijo de Dios salvado. En este mundo confuso y problemático, en medio de esta civilización decadente; necesitamos como seres humanos creados a la semejanza de Dios asirnos de algo firme. ¿Y qué mejor asidero, que Dios mismo, Su palabra y Su mensaje? Donde todo se desploma necesitamos algo estable; donde todo se corrompe necesitamos algo incorruptible, donde todo se muere necesitamos algo que vive y permanece para siempre.

Estas cosas, amigo, que no se corrompen, que no se mueren, son Jesucristo y Su Evangelio, Su obra y mensaje eternos. Porque el sacrificio de Cristo en la cruz, hecho una vez para siempre, permanece sólido y estable soportando la marcha de los siglos.

Cualquiera que cree en El, es salvo. Y la Palabra de Cristo, Sus enseñanzas, mandamientos y preceptos hablados, han quedado fijos en el Nuevo Testamento. Y Su Espíritu Santo, eterno, inmortal, invisible y poderoso está aquí hoy como siempre, para dar vida a los que se entregan a Jesús. Y cuando uno se entrega a Jesús, se produce la otra maravilla, la que cierra el Salmo 19: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, ROCA MIA, Y REDENTOR MIO”.

ORACION: ¡Sí! Tú eres Roca mía, y Redentor mío. '' Me maravilla Tu grandeza; la belleza de Tu Palabra y la perfección de Tu salvación “. Gracias Señor...

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Jueves, 27 Diciembre 2018 09:14

Tu estarás conmigo

El hombre es un ser gregario, es decir, fue hecho para vivir en sociedad. Aunque la soledad en ocasiones es necesaria, sin embargo, estar en soledad no es el estado normal. Esto es especialmente cierto en tiempos de peligro, porque en la vida nos necesitamos y nos auxiliamos unos a otros. ¡Cuán grato es estar con nuestros familiares, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo! En muchísimas situaciones, la separación de nuestros seres queridos nos acarrea tristeza y sufrimiento. Pero, es indudable, que hay una compañía que sí nos debe ser indispensable, y esa es la compañía de Dios. Claro, hay varios sentidos en los que la compañía de Dios nos es inseparable, por la razón de que El es el Ser supremo está en todas partes, y nada podría ser ni sostenerse aparte de Dios. Pero es una inmensa bendición cuando uno puede decir en forma muy personal: “Tú estarás conmigo”. Esta es una relación de fe, de piadosa dependencia.

El afamado cantor de Israel, de nombre David, escribió tales palabras: “Tú estarás conmigo”. Esta fue la razón de que él viviera sin temor. El podía sufrir algunos reveses, pero su fe en Dios le haría emerger triunfante. Dios se hace accesible al hombre en la Persona de su santo Hijo Jesucristo.

Razón tuvo Jesús para decir: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Fue también el Señor Jesús quien en otra ocasión expresó: “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, En un mundo en el que hay tanta desilusión, en el que es arriesgado poner nuestra confianza en el hombre; en un mundo en el que aun encontrándonos solos y desconectados de realidades tangibles, es en extremo consoladora la verdad de que hay Uno que sí está a nuestro lado, que se acerca a nosotros en actitud de Amigo, y que tiene todo poder para hacernos bien. Cuando por la fe establecemos una relación así con Jesucristo, ya no nos invade la desesperación ni nos aterra el temor.
 
ORACION: Gracias Señor porque has llenado mis soledades. Ya no camino solo. Tú estás conmigo...

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Jueves, 13 Diciembre 2018 09:15

Los hasta cuando del dolor

Hoy quiero hablarles del tiempo. Pero, no del tiempo que hace afuera, o de como ha amanecido hoy. No voy a hablar de la lluvia, o de si hay demasiado sol. Eso lo dejo para los informativos metereológicos o para las buenas comadres que se reunen para hablar... del tiempo precisamente. No, mi amigo, hoy quiero hablar acerca del tiempo que pasa. Especialmente del tiempo que pasa dejando una huella de dolor en corazones sufrientes. Del tiempo que transcurre en pena, tristeza, y frustración. El tiempo que se prolonga sin esperanza y que va clavando espinas en llagas abiertas del alma. Ese tiempo de días siempre nublados y noches pavorosas que hacen exclamar al corazón lleno de congoja, "¿Hasta cuándo, Señor? ¡Hasta cuándo!”.

Precisamente éste salmo comienza con éste clamor de un alma cansada de esperar un alivio que no llega, una aurora que no despunta en la noche del alma, y dice: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” Este salmo se adapta perfectamente a aquellos sufrientes, mujeres y hombres que están soportando, ya por largo tiempo, una situación dolorosa, y no hallan alivio o no ven una pronta mejoría de sus males. Pueden ser personas enfermas, que llevan ya semanas y meses en cama, y no ven el día en que puedan levantarse. Pueden ser madres que esperan inútilmente el regreso del hijo o de la hija ingratos, esposas abandonadas por el marido y padre de sus hijos, sumidas en el dolor de la espera.

El salmista estaba pasando por una época de esas. Sus enemigos lo acosan. Sus amigos, le fallan. La fe se le debilita. La esperanza se le esfuma. Entonces da un grito de angustia. ¡HASTA CUANDO, SENOR! Y después de clamar así, viene la reflexión, y en buscar en la oración un alivio. En el versículo tres dice: "Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte”. Cuando se clama a Dios, mi amigo, mi amiga, desde el fondo del pozo, siempre viene una luz desde arriba. Y yo le exhorto a usted, a clamar a Cristo. El está cerca suyo, el tiene buena voluntad para usted, El es todopoderoso, El le ama hasta el punto de haber dado Su sangre por usted. El quiere sacarle de ese pozo de dolor y darle vida abundante. El quiere hacer que su tiempo vuelva a ser un tiempo feliz.

Si usted ora con fe a Cristo, el Señor viviente, podrá repetir las palabras finales del salmista: “Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien”.
 
ORACION: Gracias Señor. Sé que aun cuando no entienda muchas cosas y pase por tribulaciones, a mí también Tu misericordia me hará bien. Yo también confío en Tu misericordia. Sé que Tú me harás bien...

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Jueves, 01 Noviembre 2018 11:22

Los misterios de los cielos

Los astrónomos modernos están encandilados.  Cuando examinan la inmensidad del espacio con sus telescopios cada vez más potentes  se asombran  de dos cosas. Primero, de la maravillosa simpleza y armonía que encuentran en las leyes de los astros.  ¡Qué diferencia con éste planeta tierra y la humanidad que está sobre él! Aquí todo es confusión. Allá arriba a miles y millones de años luz de distancia, todo es canto, poesía, luz y leyes que funcionan con perfección matemática. Pero segundo, los astrónomos se quedan  pasmados ante ciertos misterios que no alcanzan aún a resolver. Los quasares y los pulsares, esos núcleos de energía algo más que estrellas, que emiten ondas de radio de extraordinaria potencia, y los agujeros  negros,  el más obsesionante  de los misterios de los cielos, les quitan el sueño. ¿Cuándo y cómo resolverán tantos misterios? se preguntan patéticos los astrónomos.

Tres mil años atrás había un hombre soñador y poeta que contemplaba también los cielos. Miraba la belleza y armonía de las constelaciones y se extasiaba con el cielo nocturno. Entonces  tomaba  el arpa pastoril,  e improvisaba un poema dirigido a Dios, y cantaba: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas  de él memoria,  y el hijo del hombre,  para que lo visites?”.  Este hombre  era David, pastor, salmista y rey, y estas  palabras  están en éste Salmo hermoso.

Dos cosas surgen nítidas aquí, de este poema.  Primero, la grandeza de Dios en la cual cree David. El reconoce que todo el universo tiene un Creador, y ese Creador es grande, majestuoso y digno de ser adorado. Segundo, la pequeñez y humildad del hombre. El hombre es una plantita  débil que apenas crece un milímetro sobre la tierra. No puede resistir  el golpe del rayo,  ni el embate  de la tempestad, ni el fragor del terremoto, y cualquier enfermedad lo mata. Sin embargo, esa creación dilecta de Dios, tiene alguna grandeza. Refiriéndose al hombre dice David: “Le has hecho poco menor que los ángeles. Y lo coronaste de gloria y de honra”. Y comparando la grandeza de los cielos, y la gloria dada al hombre, termina el poema diciendo: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande  es tu nombre  en toda la tierra!”.

Dios es grande, amigo mío, y a pesar de ello se hizo HOMBRE en la persona de Cristo. Y como Hombre, se dejó crucificar en lugar de los pecadores, para ofrecer a todos  la grandeza de la vida eterna  y la gloria del cielo.

ORACION. Señor, me asombra Tu grandeza. Eres maravilloso. ¡Cuán grande es Tu Nombre en toda la tierra! Me asombra que te ocuparás de nosotros,  los seres humanos.  Siendo tan grande, tomaste cuidado de cada uno de nosotros. ¡Gloria a Tu Nombre, Señor!...

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Jueves, 27 Septiembre 2018 10:09

Comamos y bebamos

No era ciudad brillante como Buenos Aires, ni deslumbrante como Las Vegas. No era pintoresca y abigarrada como Hong Kong, ni misteriosa y alucinante como Singapur. No era capital del juego como Montecarlo, ni acopio de museos y galerías de arte como París o Roma. No era piropeadora como Madrid, ni carnavalesca como Río de Janeiro. Era simplemente una ciudad alegre, demasiado alegre, cuando era tiempo de estar llorando y en arrepentimiento. Era Jerusalén, en los tiempos de Isaías. La ciudad estaba en pecado. La nación estaba en pecado. El mundo estaba en pecado.

Injusticia social, abuso de los pobres, adulterio y fornicación en las casas; idolatría e hipocrecía en los templos. El pecado de Judá es grave, y el profeta se siente constreñido a denunciarlo, con imágenes fuertes y sonoras: “Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre, tus muertos no son muertos a espada, ni muertos en guerra”.
Y enseguida viene la exhortación al arrepentimiento, y en nombre de Dios se les dice: “Por tanto, el Señor Jehová de los ejércitos llamó en este día a llanto y a endechas, a raparse el cabello y a vestir cilicio”. Pero, ¿Se arrepintió la gente de Jerusalén?. ¡De ninguna manera!. Más bien se dedicaron a mayores orgías.

“He aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y bebiendo vino, diciendo; “COMAMOS Y BEBAMOS, PORQUE MAÑANA MORIREMOS”. Han pasado dos mil ochocientos años, amigo, y la actitud general del hombre de hoy en día, del hombre moderno que debiera ser ya más sabio que el antiguo es la misma: todos parecen vivir cada día diciendo: “Comamos y bebamos, total mañana moriremos y todo acabará”.

El apóstol Pablo en su día, también hizo la misma denuncia al pueblo. También en ese tiempo vivían despreocupados por completo de la eternidad. ¿Cuál puede ser el resultado de esta vida insensata?. La condenación eterna y la eterna desdicha en el infierno.

Amigo, yo le exhorto: recapacite hoy. Haga de Cristo su Señor, su Salvador, su Maestro, y el día de mañana, y la eternidad que pronto empieza, serán verdaderamente dichosos.

ORACION: Quiero vivir este día, Señor, conforme a Tu voluntad. Líbrame de la lujuria y perversión. Dame Tu poder para servirte en santidad...

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Jueves, 20 Septiembre 2018 13:48

Limpieza del Pecado

Dios le bendiga en el día de hoy. Bendiga también su esposa o esposo,sus hijos, o sus padres, su familia. Que Cristo sea el rey en cada corazón y el amigo y consejero invisible en cada hogar, esa es mi oración. Ayer hablaba acerca de los labios inmundos, o profanos. “Labios inmundos” es una expresión que usa el profeta Isaías, para denotar la falta de alabanza del pueblo de Dios, y el mal uso de la lengua. Cuando Isaías vió al Señor tres veces Santo, inmediatamente sintió que él era un hombre profano.

Quedó por supuesto anonadado, hundido bajo el peso de su convicción. Si él era hombre de labios profanos ¿cómo podía vivir delante de Dios? Entonces Dios le concede una segunda visión. Un ángel, un serafín, tomando con unas tenazas un carbón encendido del altar de Dios. Con ese carbón ardiente toca los labios del profeta, y le dice: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”.

Aquí hay un rico simbolismo bíblico. Cuando uno se quema la piel con algún fuego ¿qué se produce? Se produce inmediatamente una ampolla, es la primera defensa del cuerpo contra la quemadura. ¿De qué se compone una ampolla? De dos cosas: sangre y agua.Y aquí tenemos tres elementos que son usados para limpiar y purificar el corazón del ser humano de toda mancha del pecado. La sangre de Jesucristo, el agua de la Palabra de Dios, y el fuego del Espíritu Santo: sangre de Jesucristo derramada en el Calvario es precio legal de redención.
Dios acepta la sangre de Jesús para redimir y libertar, con ella a todo ser humano cautivo del pecado. El agua es símbolo de la Palabra de Dios. La palabra de Dios escrita y usada por el Espíritu Santo es verdad que regenera.
Somos regenerados,es decir  “nacemos de nuevo” cuando creemos y aceptamos la eterna, infalible y bendita palabra de Dios.El fuego es símbolo del Espíritu Santo que quema todo el pecado, purifica el alma de toda contaminación y templa el carácter del cristiano para que sea un hombre de Dios. Y todo esto le fue revelado al profeta Isaías cuando tuvo su visión de los labios inmundos y del carbón ardiente que tocó sus labios.
Necesitamos, mi amigo, aplicar a nuestra vida por fe, estos tres elementos divinos, para sentir purificada nuestra alma.
 
ORACION. La Sangre de Tu Hijo; Tu bendita Palabra y el fuego de Tu Espíritu Santo, quiero que me acompañen en este día.¡ Oh Dios, me siento lleno de Ti! Te amo Señor...

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Jueves, 13 Septiembre 2018 09:20

Quitada tu culpa, limpio tu pecado

¿Estaba despierto, o estaba soñando? Aquellas cosas que veía, ¿eran sólo imaginación suya, o realmente estaban delante de su vista? ¿Estaba él en sus cinco sentidos cabales, o era víctima de una alucinación?

No había duda. Estaba bien despierto, y no veía ninguna alucinación, Isaías veía una visión real, algo palpable y corpóreo; algo inconfundible. Allí, ante sus ojos físicos, Isaías estaba viendo la gloria de Dios.
Veía un inmenso trono, alto y sublime. Miríadas de ángeles volaban alrededor. Cantaban un canto, que era una nota repetida: “¡Santo,Santo, Santo Jehová de los ejércitos, toda la tierra está llena de su gloria!
Isaías contempla arrobado durante largo rato la magnífica visión. De pronto un estremecimiento recorre su cuerpo y vuelve a la realidad. El está viendo la gloria y el trono de Dios. Y él es un hombre pecador. Aunque un hombre de superior calidad espiritual, se da cuenta que es pecador. Y está viendo la excelsa gloria.

Entonces el profeta exclama: “¡Ay de mí; que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos!”. Un efecto natural, amigo mío, de cuando uno comprende la santidad y majestad de Dios, y al mismo tiempo se da cuenta de cuán imperfecto, cuán miserable, cuán corrompido es uno por dentro.
Era natural que aquel hombre se sintiera anonadado. Pero la gracia de Dios es más grande que el pecado de los hombres. Un ángel vuela del altar hasta donde está Isaías. Trae un ascua encendida, tomada del altar con unas tenazas. Toca con ese carbón ardiente los labios del profeta y le dice: “Esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”.

Nosotros, amigo, no disponemos quizás de un ángel que venga a purificar nuestros labios. Pero disponemos de algo mejor. Disponemos de la sangre de Jesucristo, derramada por nosotros hasta la última gota en la cruz del Calvario. Y esa sangre es potente, es eficaz, es todopoderosa para limpiar no sólo nuestros labios, sino nuestra vida entera.
 
ORACION. Sí Señor, límpiame, continuamente límpiame. Tu eres santo, eterno y omnipotente. Te adoro mi Señor y mi Dios...

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Jueves, 06 Septiembre 2018 09:41

La Perplejidad de Nicodemo

Era una tranquila noche de primavera. Un aire suave, cargado de aromas, recorría las calles oscuras. Nicodemo, un grave pensador judío, hombre anciano y venerable, se dirigía a una casa , en los suburbios de Jerusalén; allí lo esperaba Jesús, el Maestro de Galilea, con el cual quería tener una conversación.

Nicodemo era un fariseo, pero un buen fariseo, un hombre sinceramente religioso, que creía que el hombre se salvaba cumpliendo estrictamente los pormenores de la Ley.

Cuando ambos maestros se encontraron, Nicodemo, maestro de la Ley, y Jesús, maestro del Espíritu, comenzaron así su diálogo. “Maestro, dijo Nicodemo”- sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.”

Jesús le contesta rápidamente: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Nicodemo queda perplejo: “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Jesús le dice: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Aquí Jesús le da a Nicodemo los dos elementos imprescindibles que convierten a un hombre en cristiano, en hijo de Dios, en heredero del Reino de los cielos: AGUA y ESPIRITU.

Si un hombre pudiera entrar de nuevo al vientre de su madre, y nacer, no lograría nada mejor de lo que ya tiene. Siempre sería un hombre común, con las mismas faltas y los mismos problemas. Pero, si ese hombre nace de agua, es decir, la PALABRA DE DIOS y del Espíritu, es decir, el ESPIRITU SANTO que vivifica esa palabra, entonces ese hombre “nace de nuevo” y nace en el reino de Dios.

Mi amigo, aquí tenemos planteado el problema número uno de la vida y destino humano. ¿Hemos nacido de nuevo?
¿Tenemos ya, en nuestro corazón, la nueva vida, la nueva naturaleza, el nuevo nacimiento? ¿Pertenecemos ya al reino de Dios? Cada uno debe responder a esas preguntas, porque nadie conoce el interior de uno mismo mejor que uno mismo. Si usted ya se ha entregado a Jesucristo, tiene esa vida nueva.
 
ORACION: Ni la religión ni las buenas obras me pueden salvar. Sólo Tu palabra y Tu Espíritu Santo me han llenado de Jesucristo quien me ha hecho nacer otra vez. ¡Gracias Señor!...

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Jueves, 30 Agosto 2018 09:12

Visión del Reino

Era un león magnífico de Nubia, “de ancha cabeza y resonante cola como dijo el poeta. Rey de la selva y de los animales salvajes. Elástico, musculoso, de faz serena y macizas quijadas. Se despertó en la mañana. Estiró su cuerpo dos veces de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, y después rugió de contento.

Su rugido despertó a la leona y los cachorros. También despertó a muchos otros habitantes de la floresta, que dormían pacíficos en sus cubiles. Una vaca de las cercanías contestó con un mugido satisfecho y un cordero que brincaba frente a la cueva baló alegremente en son de respuesta.

El soberbio animal salió de su refugio, olió el fresco aire primaveral, y se dirigió a comer su desayuno. Sus potentes fauces, devoradoras de carne caliente, se dedicaron a comer paja, y el manso buey, su viejo amigo, vino para compartir la bucólica comida. Una osa con sus crías vino para sumarse al banquete, y un niño, un bellísimo niño desnudo, hijo de un campesino de la comarca, jugaba con los anillos móviles y gráciles de una serpiente de coral. El sol terminó de salir, se encendieron las suaves nubes del oriente cantaron los pájaros, y Dios sonrió desde el cielo.

No estoy, amigo, describiendo un sueño raro o una historia imaginada. Estoy describiendo lo que será una mañana en la tierra cuando venga el reino de Jesucristo, Porque el profeta Isaías, anunciando la venida de este reino, así lo describe.

La tierra y la humanidad, enfermas ambas por el pecado, no han conocido nunca días así. Los días de la tierra y la humanidad son de violencia, de odio, de rencor, de muerte y latrocinio. Pero cuando Cristo venga, dice Isaías, aún los hombres serán cambiados, “y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces, y no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”

Esos días dichosos, y ese reino futuro de paz perfecta, pueden comenzar hoy, AHORA MISMO, en su corazón, amigo mío...

ORACION: Señor, venga Tu Reino a mi vida. Que Tu Poder cambie en mi vida todo lo que tenga que ser cambiado. Y que la tierra a mi alrededor también sea cambiada...

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