Viernes, 22 Junio 2018
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Confortará mi alma” Salmo 23:3

Un exdictador de uno de los países de América Latina, al ser entrevistado en el exilio por un reportero dijo melancólicamente: “Ahora empieza mi crucifixión. Se refería, indudablemente, a todos los sinsabores y represalias que en el exilio pudiera sufrir. La mayoría de los individuos, tarde o temprano, se encuentran en el epicentro de una serie de problemas, y sufrimientos que atormentan el alma. Cuántas veces el rostro parece sonreír, pero en el alma hay angustia y desesperación. Por eso, una de las más grandes necesidades que los humanos tenemos es la de que nuestra alma sea confortada y consolada. La melancolía no es, no debe ser el estado natural del hombre. ¿Sufre usted, mi amigo o mi amiga, de alguna pena? ¿Le embarga una aflicción como las sombras de la noche envuelven la tierra?

David, dice, refiriéndose a Jehová Dios como su pastor: “Confortará mi alma”. Su afirmación no eran palabras sin sentido. El conocía eso por experiencia. Muchas veces, cuando en los hombres sólo encontró ingratitud y deslealtad, David se apoyó en Dios. El era un hombre de fe. No importó cuán dura fuese la situación en que se hallaba, Dios le era una fuente infaltable de consuelo, y así podía seguir adelante, sin desmayar en la lucha,sin perder de vista, aunque fuera en lontananza, la estrella de la victoria.

Puede haber derrota en el presente, pero sabemos que mañana habrá victoria. La noche puede ser larga y negra; pero ya sabemos que mañana habrá una esplendorosa aurora, con sus posibilidades de triunfo.

Dios, en Jesucristo, se acerca a usted y le ofrece confortar su alma. Fue el mismo David quien dijo: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”. El alma es la fuente de la vida, es su ser interior.

De allí emana todo. Usted es débil o fuerte, según lo es interiormente. Pues es allí donde Dios inyecta, por así decirlo, su fortaleza. La entrada de Jesucristo, por la fe, en su corazón, significa fortaleza, paz y consuelo. Con esta madurez espiritual, usted podrá confrontar los problemas y librar la lucha. La diplomacia humana no penetra muy hondo; la presencia de Jesucristo sí invade la vida y cambia el panorama.

ORACION: ¡Claro que sí, Señor! Es maravilloso conocerte y tenerte. Siento que Tú confortas mi alma. Míentras hoy vivo este día, ven conmigo Señor,

Dame tu paz

Visto 61 veces Modificado por última vez en Jueves, 07 Junio 2018 14:45
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