Lunes, 20 Agosto 2018
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Despertar a la semejanza de Dios

Despertar a la semejanza de Dios Destacado

“Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño ... En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. Salmo 17.1, 15.

Era en las calles del centro de Los Angeles, California. Una ciudad donde se mezclan gentes de varios idiomas, pueblos y razas. Hombres del oriente, chinos, coreanos y vietnameses; hombres de América Latina, mexicanos y centroamericanos en abundancia; hombres de las razas indígenas de Norteamérica y hombres de Europa. Un hombrecillo pedía limosna en una esquina. Estaba mal vestido y se veía flaco y demacrado. Con voz plañidera decía: “Necesito diez centavos, señor, para tomar el ómnibus.” ¡Dios lo bendiga! Por favor, diez centavos para el ómnibus.Y para subrayar su súplica, se levantaba la manga del saco y mostraba una serie de pústulas, último estado de la sífilis que lo afectaba. “¡Miredecía estoy podrido! ¿No lo ve? ¡Estoy podrido!”

Lo miré y me puse a pensar. ¿Es esta la verdadera imagen de Dios? La Biblia dice que el hombre fue hecho a la imagen y semejanza de Dios. ¿Puede éste pobre hombre, lleno de llagas, ser imagen de Dios? ¿Puede parecerse Dios a un hombre hundido en la roña y miseria, arrastrando un cuerpo arruinado, y mostrando en la piel las marcas del pecado sexual? Todo lo que la Biblia dice, es verdad. El hombre fue creado sano, bello, puro y perfecto, pero fue creado libre, con perfecta libertad moral para obedecer libremente a Dios, y también para desobedecer libremente a Dios. Si el hombre hubiere conservado la inocencia, obediencia y simplicidad con que fue creado, nunca se hubiera degenerado; pero el hombre usó, mejor dicho, abusó de su libertad, y dando la espalda a Dios, se entregó al diablo, el enemigo y destructor.

Y es por eso, amigo mío, que existe tanto mal en el mundo, pero para una humanidad caída en pecado, hay esperanza. Dios promete restaurar en el hombre la imagen perdida. No sólo la imagen que debió tener Adán antes de pecar, sino aún otra más bella. Dios promete restaurar en el hombre la imagen de Jesucristo, con toda su belleza, con toda su bondad, con toda su gloria. En el Salmo 17 se anticipa esta esperanza. Dice así: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. Estas palabras fueron dichas por un hombre que vivió siglos antes de Jesucristo; y vió con fe el momento cuando Dios enviaría al Salvador Jesucristo.

El apóstol Pablo, un hombre que vivió después de Jesucristo, afirma su fe diciendo: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. ESTA IMAGEN DE CRISTO, ES PARA USTED, MI AMIGO.

ORACION: Yo quiero esa imagen Señor. Tu imagen y semejanza. Me quiero parecer cada día más a Tu Hijo Jesucristo...

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