Jueves, 24 Mayo 2018
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¡Quién pudiera dormir!

¡Quién pudiera dormir! Destacado

“¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levant mi cabeza... Yo me acosté y dormí y desperté, porque Jehová me sustentaba”.   Salmo 3.13,5

Una de las ventas más fabulosas de la vida comercial moderna, es la de los sedantes para dormir. Si se pusieran una tras otra las pildoritas que cada año se venden en todas las farmacias del mundo para proporcionar un poco de dulce sueño a los hombres y mujeres atribulados, podría formarse una cadena que llegase hasta la luna. Si se amontonasen una sobre otra, como granitos de arena, formarían una montaña grande como el Everest o el Aconcagua. Millones de personas, tomando millones de sedantes, y perdiendo al mismo tiempo millones de horas del sueño dulce y reparador.

Pareciera que el hombre moderno, a causa de sus muchos errores y desaciertos, estuviera asesinando su propio sueño. Un vaso de agua en la noche; tres, o cuatro, cinco o más pastillas para dormir; una cabeza caliente que se recuesta en la almohada... y una vigilia que empieza y un sueño que no llega. Esta parece ser la historia diaria y nocturna de millones. ¿Por qué no llega el sueño? La Biblia nos habla del sueño. En Eclesiastés dice: “Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no lo deja dormir la abundancia”.Y en el Salmo 3 encontramos también referencias al dormir, al sueño dulce y reparador que es el “sueño” de millones.

El Salmo comienza con una exclamación: “¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!” Una exclamación del rey David, que vivió mil años antes de Cristo, pero que puede hacer cualquier gobernante, cualquier hombre de negocios de nuestro tiempo, dos mil años después de Cristo. “¡Cuánto se han multiplicado mis adversarios!” Adversarios políticos, comerciales, artísticos, adversarios de toda clase, crueles e implacables, que están atentos al menor traspié, al menor resbalón que demos o error que cometamos para derribarnos y quedarse con nuestro puesto.

Pero sigamos leyendo, el salmista encuentra la solución a sus angustias. Dice más abajo como expresión de fe: “Más tú, Jehová. eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”. El salmista comienza a confiar en Dios. Lo acepta como el escudo fiel que lo defiende. Se entrega a Dios; lo llama y ruega por su ayuda. Entonces Dios le responde. Dios le da Su mano desde el cielo y lo socorre. ¡Lo libra de sus enemigos! Y el salmista testifica inmediatamente: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba”.

Amigo o amiga, la bendición de un sueño dulce y una completa vida de paz es para usted, clame a Cristo de todo corazón.

ORACION: Dios mío, mi corazón está lleno de alabanza. Eres mi Señor y mi Rey. Mi escudo y mi fortaleza. Gracias Señor, porque en Ti, puedo estar confiado...

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