Viernes, 19 Octubre 2018
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Rincón del Pastor (97)

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Meditando en la cama

Jueves, 04 Octubre 2018 14:04 Escrito por

He hablado ya acerca de las pildoras para dormir y de la falta de sueño que aqueja a muchos de los mortales. Ahora leo en las estadísticas que de todas las enfermedades mortales que en este siglo diezman a la raza humana, las enfermedades cardíacas se cuentan entre las peores. ¿Y a qué se deben las enfermedades del corazón? A la tensión nerviosa. ¿Y cuál es la causa? Los problemas de la vida. La ansiedad que provoca la incertidumbre económica, por ejemplo, sumada al temor a las enfermedades, la amenaza de una guerra nuclear, la invasión de seres ultraterrestres, los peligros reales o imaginarios, hacen subir la presión arterial, congestionan el cerebro, acidifican la sangre, endurecen las arterias, cierran la coronaria... y el hombre de negocios, el hombre de gobierno, el padre de familia, el jefe militar, etcétera... todos ellos, sufren tensión nerviosa.

Y la paz se evapora, el sueño se va, el insomnio se apodera de nosotros y las horas de la noche se van en blanco. La Biblia se ocupa, mi amigo, de esas horas de la noche que a veces transcurren en un desvelo. Por ejemplo, en el Salmo 4 leo estas palabras: “Temblad, y no pequéis. Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad”. Usted dirá que cuando está padeciendo insomnio no hace más que pensar y pensar, y por eso precisamente se desvela. Déjeme decirle una cosa: si usted solamente piensa en sus problemas, nunca encontrará la solución ni la paz del alma. Por el contrario, tanto pensar en sus problemas puede llevarlo a la obsesión, que corroe el entendimiento y nubla el criterio.

Lo que la Biblia dice es, MEDITAD. Meditad serenamente en Dios, en Su Amor y en Su Gracia, y en Jesucristo, que bajó del cielo a ofrecer a los seres humanos paz y descanso, y murió en la cruz para redimirlos del pecado, y resucitó para abrir para todos un camino de vida nueva y subió a los cielos, para interceder desde allí por todos lo que confían en Él y claman a Él. En estas cosas, amigo mío, vale la pena pensar, como Dios quiere. ¿Y cuál es el resultado de esa meditación que haré en mi cama, en las horas tranquilas de la noche?  “preguntará usted”. Bueno, este salmo tiene la respuesta. Dice al final: “En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. La fe en Dios, la entrega de corazón a Cristo, el recibirle a Él como Salvador, nos trae paz y calma, y sueños tranquilos y felices. ¡Vale la pena probar! Hoy mismo ponga su confianza en CRISTO JESUS.
 
ORACION: ¡Qué diferente es mi vida desde que te conozco a ti Señor! Me has dado paz. Me has llenado de Tu amor. Todo es diferente desde que te tengo a Ti. Gracias Señor...

Comamos y bebamos

Jueves, 27 Septiembre 2018 15:09 Escrito por

No era ciudad brillante como Buenos Aires, ni deslumbrante como Las Vegas. No era pintoresca y abigarrada como Hong Kong, ni misteriosa y alucinante como Singapur. No era capital del juego como Montecarlo, ni acopio de museos y galerías de arte como París o Roma. No era piropeadora como Madrid, ni carnavalesca como Río de Janeiro. Era simplemente una ciudad alegre, demasiado alegre, cuando era tiempo de estar llorando y en arrepentimiento. Era Jerusalén, en los tiempos de Isaías. La ciudad estaba en pecado. La nación estaba en pecado. El mundo estaba en pecado.

Injusticia social, abuso de los pobres, adulterio y fornicación en las casas; idolatría e hipocrecía en los templos. El pecado de Judá es grave, y el profeta se siente constreñido a denunciarlo, con imágenes fuertes y sonoras: “Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre, tus muertos no son muertos a espada, ni muertos en guerra”.
Y enseguida viene la exhortación al arrepentimiento, y en nombre de Dios se les dice: “Por tanto, el Señor Jehová de los ejércitos llamó en este día a llanto y a endechas, a raparse el cabello y a vestir cilicio”. Pero, ¿Se arrepintió la gente de Jerusalén?. ¡De ninguna manera!. Más bien se dedicaron a mayores orgías.

“He aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y bebiendo vino, diciendo; “COMAMOS Y BEBAMOS, PORQUE MAÑANA MORIREMOS”. Han pasado dos mil ochocientos años, amigo, y la actitud general del hombre de hoy en día, del hombre moderno que debiera ser ya más sabio que el antiguo es la misma: todos parecen vivir cada día diciendo: “Comamos y bebamos, total mañana moriremos y todo acabará”.

El apóstol Pablo en su día, también hizo la misma denuncia al pueblo. También en ese tiempo vivían despreocupados por completo de la eternidad. ¿Cuál puede ser el resultado de esta vida insensata?. La condenación eterna y la eterna desdicha en el infierno.

Amigo, yo le exhorto: recapacite hoy. Haga de Cristo su Señor, su Salvador, su Maestro, y el día de mañana, y la eternidad que pronto empieza, serán verdaderamente dichosos.

ORACION: Quiero vivir este día, Señor, conforme a Tu voluntad. Líbrame de la lujuria y perversión. Dame Tu poder para servirte en santidad...

Limpieza del Pecado

Jueves, 20 Septiembre 2018 18:48 Escrito por

Dios le bendiga en el día de hoy. Bendiga también su esposa o esposo,sus hijos, o sus padres, su familia. Que Cristo sea el rey en cada corazón y el amigo y consejero invisible en cada hogar, esa es mi oración. Ayer hablaba acerca de los labios inmundos, o profanos. “Labios inmundos” es una expresión que usa el profeta Isaías, para denotar la falta de alabanza del pueblo de Dios, y el mal uso de la lengua. Cuando Isaías vió al Señor tres veces Santo, inmediatamente sintió que él era un hombre profano.

Quedó por supuesto anonadado, hundido bajo el peso de su convicción. Si él era hombre de labios profanos ¿cómo podía vivir delante de Dios? Entonces Dios le concede una segunda visión. Un ángel, un serafín, tomando con unas tenazas un carbón encendido del altar de Dios. Con ese carbón ardiente toca los labios del profeta, y le dice: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”.

Aquí hay un rico simbolismo bíblico. Cuando uno se quema la piel con algún fuego ¿qué se produce? Se produce inmediatamente una ampolla, es la primera defensa del cuerpo contra la quemadura. ¿De qué se compone una ampolla? De dos cosas: sangre y agua.Y aquí tenemos tres elementos que son usados para limpiar y purificar el corazón del ser humano de toda mancha del pecado. La sangre de Jesucristo, el agua de la Palabra de Dios, y el fuego del Espíritu Santo: sangre de Jesucristo derramada en el Calvario es precio legal de redención.
Dios acepta la sangre de Jesús para redimir y libertar, con ella a todo ser humano cautivo del pecado. El agua es símbolo de la Palabra de Dios. La palabra de Dios escrita y usada por el Espíritu Santo es verdad que regenera.
Somos regenerados,es decir  “nacemos de nuevo” cuando creemos y aceptamos la eterna, infalible y bendita palabra de Dios.El fuego es símbolo del Espíritu Santo que quema todo el pecado, purifica el alma de toda contaminación y templa el carácter del cristiano para que sea un hombre de Dios. Y todo esto le fue revelado al profeta Isaías cuando tuvo su visión de los labios inmundos y del carbón ardiente que tocó sus labios.
Necesitamos, mi amigo, aplicar a nuestra vida por fe, estos tres elementos divinos, para sentir purificada nuestra alma.
 
ORACION. La Sangre de Tu Hijo; Tu bendita Palabra y el fuego de Tu Espíritu Santo, quiero que me acompañen en este día.¡ Oh Dios, me siento lleno de Ti! Te amo Señor...

Quitada tu culpa, limpio tu pecado

Jueves, 13 Septiembre 2018 14:20 Escrito por

¿Estaba despierto, o estaba soñando? Aquellas cosas que veía, ¿eran sólo imaginación suya, o realmente estaban delante de su vista? ¿Estaba él en sus cinco sentidos cabales, o era víctima de una alucinación?

No había duda. Estaba bien despierto, y no veía ninguna alucinación, Isaías veía una visión real, algo palpable y corpóreo; algo inconfundible. Allí, ante sus ojos físicos, Isaías estaba viendo la gloria de Dios.
Veía un inmenso trono, alto y sublime. Miríadas de ángeles volaban alrededor. Cantaban un canto, que era una nota repetida: “¡Santo,Santo, Santo Jehová de los ejércitos, toda la tierra está llena de su gloria!
Isaías contempla arrobado durante largo rato la magnífica visión. De pronto un estremecimiento recorre su cuerpo y vuelve a la realidad. El está viendo la gloria y el trono de Dios. Y él es un hombre pecador. Aunque un hombre de superior calidad espiritual, se da cuenta que es pecador. Y está viendo la excelsa gloria.

Entonces el profeta exclama: “¡Ay de mí; que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos!”. Un efecto natural, amigo mío, de cuando uno comprende la santidad y majestad de Dios, y al mismo tiempo se da cuenta de cuán imperfecto, cuán miserable, cuán corrompido es uno por dentro.
Era natural que aquel hombre se sintiera anonadado. Pero la gracia de Dios es más grande que el pecado de los hombres. Un ángel vuela del altar hasta donde está Isaías. Trae un ascua encendida, tomada del altar con unas tenazas. Toca con ese carbón ardiente los labios del profeta y le dice: “Esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”.

Nosotros, amigo, no disponemos quizás de un ángel que venga a purificar nuestros labios. Pero disponemos de algo mejor. Disponemos de la sangre de Jesucristo, derramada por nosotros hasta la última gota en la cruz del Calvario. Y esa sangre es potente, es eficaz, es todopoderosa para limpiar no sólo nuestros labios, sino nuestra vida entera.
 
ORACION. Sí Señor, límpiame, continuamente límpiame. Tu eres santo, eterno y omnipotente. Te adoro mi Señor y mi Dios...

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La Perplejidad de Nicodemo

Jueves, 06 Septiembre 2018 14:41 Escrito por

Era una tranquila noche de primavera. Un aire suave, cargado de aromas, recorría las calles oscuras. Nicodemo, un grave pensador judío, hombre anciano y venerable, se dirigía a una casa , en los suburbios de Jerusalén; allí lo esperaba Jesús, el Maestro de Galilea, con el cual quería tener una conversación.

Nicodemo era un fariseo, pero un buen fariseo, un hombre sinceramente religioso, que creía que el hombre se salvaba cumpliendo estrictamente los pormenores de la Ley.

Cuando ambos maestros se encontraron, Nicodemo, maestro de la Ley, y Jesús, maestro del Espíritu, comenzaron así su diálogo. “Maestro, dijo Nicodemo”- sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.”

Jesús le contesta rápidamente: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Nicodemo queda perplejo: “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Jesús le dice: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Aquí Jesús le da a Nicodemo los dos elementos imprescindibles que convierten a un hombre en cristiano, en hijo de Dios, en heredero del Reino de los cielos: AGUA y ESPIRITU.

Si un hombre pudiera entrar de nuevo al vientre de su madre, y nacer, no lograría nada mejor de lo que ya tiene. Siempre sería un hombre común, con las mismas faltas y los mismos problemas. Pero, si ese hombre nace de agua, es decir, la PALABRA DE DIOS y del Espíritu, es decir, el ESPIRITU SANTO que vivifica esa palabra, entonces ese hombre “nace de nuevo” y nace en el reino de Dios.

Mi amigo, aquí tenemos planteado el problema número uno de la vida y destino humano. ¿Hemos nacido de nuevo?
¿Tenemos ya, en nuestro corazón, la nueva vida, la nueva naturaleza, el nuevo nacimiento? ¿Pertenecemos ya al reino de Dios? Cada uno debe responder a esas preguntas, porque nadie conoce el interior de uno mismo mejor que uno mismo. Si usted ya se ha entregado a Jesucristo, tiene esa vida nueva.
 
ORACION: Ni la religión ni las buenas obras me pueden salvar. Sólo Tu palabra y Tu Espíritu Santo me han llenado de Jesucristo quien me ha hecho nacer otra vez. ¡Gracias Señor!...

Visión del Reino

Jueves, 30 Agosto 2018 14:12 Escrito por

Era un león magnífico de Nubia, “de ancha cabeza y resonante cola como dijo el poeta. Rey de la selva y de los animales salvajes. Elástico, musculoso, de faz serena y macizas quijadas. Se despertó en la mañana. Estiró su cuerpo dos veces de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, y después rugió de contento.

Su rugido despertó a la leona y los cachorros. También despertó a muchos otros habitantes de la floresta, que dormían pacíficos en sus cubiles. Una vaca de las cercanías contestó con un mugido satisfecho y un cordero que brincaba frente a la cueva baló alegremente en son de respuesta.

El soberbio animal salió de su refugio, olió el fresco aire primaveral, y se dirigió a comer su desayuno. Sus potentes fauces, devoradoras de carne caliente, se dedicaron a comer paja, y el manso buey, su viejo amigo, vino para compartir la bucólica comida. Una osa con sus crías vino para sumarse al banquete, y un niño, un bellísimo niño desnudo, hijo de un campesino de la comarca, jugaba con los anillos móviles y gráciles de una serpiente de coral. El sol terminó de salir, se encendieron las suaves nubes del oriente cantaron los pájaros, y Dios sonrió desde el cielo.

No estoy, amigo, describiendo un sueño raro o una historia imaginada. Estoy describiendo lo que será una mañana en la tierra cuando venga el reino de Jesucristo, Porque el profeta Isaías, anunciando la venida de este reino, así lo describe.

La tierra y la humanidad, enfermas ambas por el pecado, no han conocido nunca días así. Los días de la tierra y la humanidad son de violencia, de odio, de rencor, de muerte y latrocinio. Pero cuando Cristo venga, dice Isaías, aún los hombres serán cambiados, “y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces, y no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”

Esos días dichosos, y ese reino futuro de paz perfecta, pueden comenzar hoy, AHORA MISMO, en su corazón, amigo mío...

ORACION: Señor, venga Tu Reino a mi vida. Que Tu Poder cambie en mi vida todo lo que tenga que ser cambiado. Y que la tierra a mi alrededor también sea cambiada...

Cuál es, en fin, el templo de Dios

Jueves, 23 Agosto 2018 16:36 Escrito por

Ayer mi amigo, le hablaba de la operación “limpieza”. Esa limpieza que el Señor Jesús hizo del templo de Jerusalén. En ese día el Señor, armado de un látigo de cuerdas, y de una santa ira, genuina ira de Dios, echó del templo a los mercaderes.

Y los apostrofó diciendo: “Mi casa, casa de oración será llamada, pero ustedes la han hecho cueva de ladrones”. Los judíos, naturalmente, se ofendieron. La acción de Jesús les tocaba en lo más vivo: sus intereses materiales. Entonces le dijeron a Jesús: “¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?” Ellos exigían de Jesús alguna señal divina, que atestiguara que El era enviado de Dios, y con derecho a limpiar el templo.

Jesús les dice: “Destruid este templo, y yo en tres días lo reedificaré.” Los judíos quedaron muy extrañados. Herodes había tardado 46 años en construirlo, y Jesús lo iba a reedificar en solo tres días?. ¡Imposible!.

Pero Jesús no estaba refiriéndose al templo hecho de piedras y maderas. Cuando Jesús dijo, “templo”,estaba hablando de su propio cuerpo. Ese cuerpo que sería quebrado y roto en la cruz, y que luego sería colocado en un sepulcro, y tres días después Él lo levantaría de la tumba.

Ni aún sus discípulos entendieron, en el primer momento, a qué templo se refería Jesús. Solo cuando el Señor resucitó de entre los muertos comprendieron ellos la gran verdad. El verdadero templo de Dios no está hecho de materiales terrenales. El templo verdadero de Dios, el templo eterno, el único templo que El bendice y llena de gloria es el cuerpo de cada ser humano que se entrega de corazón a Jesucristo.

Nuestro mundo está lleno de templos de toda clase, y perteneciendo a toda clase de iglesias y denominaciones, ¡cómo necesitamos, mi amigo, recuperar el verdadero concepto de templo de Dios!. El templo de Dios, el templo que Cristo habita, puede ser, DEBE SER el corazón de cada hombre, de cada mujer.

Cuando esto ocurra, cuando cada hombre y mujer sea templo de Cristo, se habrá dado un paso gigantesco hacia la solución de todos los males espirituales y morales que sufre nuestra enferma sociedad presente.

ORACION: Te ofrezco mi cuerpo Señor, para que sea el templo de tu Espíritu Santo. Mora en mí; habita en mí, espíritu del Dios omnipotente. Lléname de tu gloria...

Seguridad en cada día

Jueves, 09 Agosto 2018 15:13 Escrito por

     Cada quien vive su vida desde un ángulo de pensamiento y de una actitud de espíritu, o somos creyentes o somos ecépticos; o mostramos una actitud positiva o una actitud negativa con respecto a lo que acontece. Saber que hay una Providencia, que es el gobierno sabio y benévolo de Dios en toda su creación, es colocarse uno en terreno firme y sacarle el mayor provecho a la vida.
     A lo largo de la historia ha habido hombres y mujeres que han sido fieles creyentes en Dios, quienes gozosamente se han sometido a la santa voluntad divina y dan testimonio de que el bien y la misericordia de Dios les acompañan todos los dias de su vida. Una de tales personas fue David, el joven que siempre dependió del Ser supremo. La fe profunda de su corazón lo hacía ver aun detrás de los reveses de la vida, la mano protectora de Dios. En fin de cuentas, todo le resultaba bien. Y él lo atribuía a la misericordia, el amor inmerecido de Dios. David sabía que en el hombre no hay méritos propios, y que es por un acto de misericordia divina que el hombre vive y sobrevive.
     Pero, lo importante es que usted, viva una vida así. ¿,Se queja, se lamenta usted de todo? ¿,Se siente inclinado a la desesperación? ¿Ha pensado en el suicidio como la única puerta de escape? Déjeme ponerle una inyección de ánimo. Las cosas no son tan sombrías como usted las ve. No es cierto que se le hayan cerrado todas las puertas. Puede haber fracasos, pero el triunfo definitivo sigue siendo una posibilidad, una esperanza. El bien y la misericordia están al alcance de su mano.
     Pablo, escribió la siguiente declaración: “Y sabemos que a los que aman a Dios. todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” El bien no siempre está en lo que acontece, sino en la finalidad que se alcanza por lo que acontece. Los acontecimientos son el camino; el bien es el destino.
     El secreto de una vida feliz, a pesar de todo, es Jesucristo reinando en el trono del corazón, manejando el timón de la vida. Usted debe establecer una relación personal con el Señor Jesucristo. ¿,Cómo? Mediante la fe en El. Haga usted una entrega total de su vida a El; póngase en sus divinas manos. Y entonces el alivio vendrá. El dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” El bien y la misericordia serán sus compañeras inseparables. Pruébelo, ahora mismo.

ORACION: Durante todo este día, Señor, te ruego me sigan el bien y la misericordia. Te necesito mucho Señor. Quiero verte a Ti en cada detalle de ¡mi vida...

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