Martes, 25 Junio 2019
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El éxito viene del deseo interior

El éxito viene del deseo interior Destacado

Estamos a punto de iniciar un nuevo ciclo escolar y para muchos es una oportunidad de lograr el éxito. Como padres siempre deseamos que nuestros hijos tengan un buen futuro, y tanto la educación como los buenos consejos, son básicos para que ellos logren su objetivo. Pero debemos saber que el éxito se inicia con el deseo auténtico para triunfar y ese deseo se encuentra dentro de cada uno.

Nadie puede inspirar o motivar suficiente para que uno tenga el valor de actuar y hacer lo posible para lograr sus objetivos, si uno no lo desea. Vivir conquistando los miedos y superando los obstáculos personales, nutre el ímpetu de lucha necesaria para tener la actitud que nutre las acciones y mejora la calidad de vida.

Cuando las personas pueden alinear sus pensamientos con sus sentimientos tienen una posibilidad mayor para poder triunfar. El secreto para esto radica en poder enfocar las idas que tiene la mente y callar los miedos que solo hacen ruido y no dejan prosperar.

Para que el corazón reconozca sinceramente lo que quiere, lo que le gusta y lo que de verdad lo haría feliz. Los triunfadores no nacen, se hacen. Son el tipo de personas que se caen siete veces o más y aprenden a levantarse. Cada caída les enseña un nuevo ángulo, les abre su perspectiva y además aprenden a descubrir una manera para superar cualquiera que sea su condición, sin reproches ni resentimiento. Son gentes que no se dan por vencidas fácilmente. Tienen objetivos claros y sus acciones están impregnadas con determinación, esfuerzo y dedicación.

Pensar como triunfador implica desarrollar un compromiso a largo plazo uno mismo y con la vida. Es tener la responsabilidad más grande que la duda o el miedo.

Ser una persona triunfadora no siempre quiere decir que se vive en una mansión millonaria, tampoco quiere decir que se trata de ser el individuo más famoso o más prestigiado de la comunidad. Para ser un triunfador se tiene que tener confianza en uno mismo, fe en que la vida es buena y abundante, pero sobre todo se tiene que sentir gratitud y satisfacción por todo lo que se tiene y se ha logrado.

A pesar de que toda persona tiene la potencialidad para triunfar, hay ocasiones que el triunfo se esfuma y se va de las manos. Pareciera que triunfar es solo una condición para los demás. Pero no es así. Toda persona que quiere triunfar puede, aun cuando esta persona se sienta derrotada y pudiera haber olvidado como desarrollar su potencial y volver a tener la fe que se perdió para volver a luchar.  

Afortunadamente, aunque no lo crean, la vida se encarga de volver a regalar nuevas oportunidades para poder triunfar.

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  • Un buen padre…

    La paternidad es el trabajo más antiguo del mundo, la vocación con más retos y probablemente con el sueldo más bajo. Una labor que nunca termina. Ser padre es sin duda el rol, más difícil y más importante que una persona pueda tener. El amor, generosidad, paciencia y la protección de un padre, aunado con la capacidad de perdón incesante, así como el entendimiento profundo de los valores y las necesidades individuales de cada hijo, hacen que cada padre pueda y sepa servir de guía y de ejemplo para que sus hijos sean buenos seres humanos.

    Un buen padre es una persona satisfecha y agradecida con la vida que sabe valorar y puede compartir lo que tiene. Es la persona que sabe reconocer las fortalezas y las debilidades de sus hijos. Entiende lo que ellos necesitan para que puedan crecer como seres independientes, seguros y estar contentos.

    Un buen padre, tiene una relación única con sus hijos, no es la persona perfecta e infalible que nunca se equivoca o que sabe más que los demás. Ni siquiera se trata de una persona que da todo lo que sus hijos le piden. De hecho, hay ocasiones en las que ni siquiera les puede dar lo que necesitan y sin embargo, puede seguir siendo un padre extraordinario.

    Ser un buen padre, se refiere a la calidad de la relación que se crea entre padre e hijo, tiene que ver con tiempo y la atención que le dedica a sus hijos.

    Un buen padre, es una persona que está presente en cada momento de la vida. No necesita ser millonario, o tener títulos universitarios, ni siquiera se refiere a ser una persona exitosa o ser un visionario emprendedor que tenga grandes negocios.

    Para ser un buen padre, se necesita tener tiempo y quererlo compartir con sus hijos, tener la capacidad de entender a sus seres queridos, con el fin de poderlos guiar y ayudarlos a que ellos conviertan en personas responsables e independientes y puedan encontrar su propia felicidad.

    Ser un buen padre es ser la mejor versión de uno mismo con el fin de vivir en paz y armonía con la vida. Es tener la tranquilidad de saber que los hijos tienen un buen ejemplo, ya que ellos procuran ser la mejor versión de sí mismos.

    Ser un buen padre, es ser una persona que deja una huella y un legado en este mundo.
    Por tal razón, a todos aquellos buenos padres, queremos desearles un gran día. Que disfruten en compañía de todos sus hijos y asimismo agradecerles su dedicación, esfuerzo, tiempo  y consejos, ya que gracias a ellos se forman mejores individuos en nuestra sociedad.

  • Adiós al rencor

    La vida se pasa demasiado rápido, en un abrir y cerrar de ojos, los pequeños resentimientos sin importancia se convierten en rencores difíciles de reconciliar. Si uno no limpia su corazón, el vivir se convierte en una carga pesada y muy solitaria. Uno puede decidir vivir con rencor, enojo y amargura o buscar la manera para encontrar valor, aceptar, dejar ir y vivir en armonía.

    La elección es personal y cada uno tiene el poder para reconciliarse consigo mismo y sanar su alma. Pareciera que uno se ofende por lo que le dicen, pero en realidad, uno se ofende por lo que escucha. Más específicamente, uno se enoja, por lo que interpreta y por lo que está esperando escuchar. Esta interpretación personal tiene que ver directamente con el sentir interno de cada persona, el cual provoca cierta reacción que, a su vez, desencadena sentimientos de enojo y rencor a raíz de lo que cada quien ha interpretado.

    Esta interpretación muchas veces puede estar lejos de la realidad o ser una clara reflexión de lo que está sucediendo. De hecho, no tiene importancia si lo que provocó el sentimiento es real o es una suposición inventada sin bases reales, ya que el rencor y los resentimientos son elección personal que tocan fibras íntimas y que remueven emociones que no se quieren confrontar.

    Así, el recuerdo amargo y doloroso que se revive una y otra vez en la mente torna a los pensamientos en un equipaje pesado. Impregna al alma de reproches y sentimientos que amargan y contaminan las relaciones.

    El resentimiento es terrible: desintegra familias, rompe con amistades, deshace parejas, etc. En sí, vivir con rencor es como "vivir con una herida abierta y no dejarla cicatrizar jamás". Una buena solución será dejar de interpretar las palabras de los demás, evitar las suposiciones y tener el valor de escuchar sin juzgar.

    Es posible que la otra persona también tenga sus problemas y vea el mundo con otros ojos. Es necesario aprender a dejar de reaccionar con carga emotiva y partir de un punto de vista neutral.

    Para transformar el futuro, hay que empezar a limpiar la mente y dejar de reflejar los problemas personales en otros. La lección que el resentimiento deja es que cuando se vive con rencor, amargura y dolor al final del día, solo se pasa la vida.

    No dejes que el rencor te aleje de las personas que amas. Suelta todo resentimiento y perdona. Ya que a través de ese perdón lograrás la libertad que tu alma necesita y podrás vivir mejor.

  • Aprende a decir NO

    Cuantas veces nos hemos enfrentado a situaciones que se nos hace difícil decir no, momentos en los cuales nos sentimos incomodos y por educación, respeto o voluntad no emitimos el no por respuesta. Aunque pareciera difícil, en ocasiones es necesario y no por ser malas personas o no tener un “buen corazón”. Simplemente es porque decir no, libera. Decir no, fortalece el carácter y mejora el sentir propio. Decir no, es una responsabilidad que ayuda al bienestar personal y mejora la calidad de vida. Decir no, es solo entender que hay cuestiones que uno no tiene, no quiere o no puede hacer, y que no tiene nada de malo expresar lo que se siente.

    El miedo al rechazo, la confrontación y a la critica son cuestiones importantes por las cuales las personas acceden y aceptan a decir que si, a pesar de que, en realidad, tienen deseos de decir que no.

    Sentir la aceptación de las personas que están cerca, ya sea en el núcleo familiar, con las amistades o en el ámbito laboral es una prerrogativa importante que erróneamente, nutre al sentimiento de querer ser aceptado. Así, el decir no, crea ansiedad, angustia y miedo debido al temor del que dirán y es solo es un fantasma creado por la mente y un deseo infantil de ser queridos.

    Aprender a decir NO, sin anteponer palabras diplomáticas, como no puedo, no sé, ahora no es el momento, es la condición primordial para poder mantener firme las decisiones y los motivos personales.

    Decir NO sin explicaciones y sin adornar la decisión, implica tener fuerza de voluntad, así como tener seguridad en uno mismo. Poder decir no, empodera, libera y ayuda a mantener mejores relaciones personales. Poder decir ino! sin culpa, ni remordimiento, es una acción que se debe de aprender y fomentar.

    Decir que no es la mejor forma de protección personal sobre todo al desgaste físico y emotivo que se crea cuando uno quiere hacer todo y satisfacer a todos.

    El aprender a decir que no, hace la persona responsable y respetuoso sobre sí mismo. Al decir que no, uno debe aprender a defender su posición. Una vez que se dijo que no, es suficiente. No hay necesidad de cuestionarse, ni de torturarse por la decisión. No se debe de temer a la reacción de los demás, ya que el haber dicho que no, da la oportunidad de respetarse y al mismo tiempo de poner límites.

    Al decir que no, con seguridad, uno pierde la culpa, las justificaciones vacías o las mentiras que en otra situación pudieran sobrellevar la situación. Decir no crea personas emotivamente fortalecidas. Aprende a decir no, es mucho más fácil de lo que parece.

    Por lo tanto, no tengas miedo de decirle no, si sabes que esa respuesta te liberara de la carga sentimental o la presión que puedas estar sintiendo en ese instante.

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